Die (noch nicht) Heimkehr
Hacer una maleta no es elegir lo que se mete dentro, sino lo que se deja fuera, no es la ropa que llevamos la que importa, sino la que no podemos llevar, la que queda encima de la cama porque resulta imposible hacer otro hueco (uno más después de los que ya hemos tapado) para esa camisa, para ese pantalón que nos gusta pero que parece innecesario que llevemos, para esa camisa que querríamos ponernos el sábado por la noche pero que será demasiado fresca para el tiempo que, previsiblemente, hará. Y si es difícil hacer una maleta para una semana, más lo es para un año, no por la ropa, que en este caso deja casi de pensarse lo que sí y lo que no, sino por todo lo demás, especialmente los libros, porque pesan, pero, a veces, son necesarios. Miro a la estantería de cuatro huecos que hay en la habitación y no veo lo que busco, no está la poesía a la que se vuelve a cada poco, no González, ni García Montero, ni Benedetti, ni Hierro, nada: un diccionario, una gramática, un libro de ejercicios, ...