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Mostrando las entradas etiquetadas como Historias de mi historia

Una cámara analógica

Cuando estuvimos en Macedonia del Norte P. hizo unas fotos maravillosas con su cámara analógica. Una Zenit cuyo modelo no recuerdo. Yo ya tenía cierto interés por las cámaras analógicas, sobre todo por esa imagen romántica del tiempo detenido en una época en la que todo corre. Existe la necesidad de conseguir algo para ya y se puede hacer. Este texto puede llegar a todas partes hoy mismo, en cuanto le dé al botón de publicar estará disponible en cualquier lugar del mundo con una conexión a internet. Esa rapidez no hará, no obstante, que todo el mundo tenga tiempo para leerlo. Ni siquiera hablo ya de interés, sino de tiempo: cinco, diez minutos, serán demasiado tiempo para dedicarle. Consumimos instantes, necesitamos cada día más estímulos. Así que la idea de hacer hoy una foto y ver el resultado días o incluso meses después no sólo me parece fascinante, sino, en cierto sentido, necesaria. La paciencia. Lo que crece con la calma. Esa parte de envidia me llevó a comprar en un mercadill...

Croacia XVI: un guardabarrera, la humanidad y los trenes

En el barrio en el que vivo se encuentra una de las estaciones de tren que tiene Zagreb. Andando se tarda en llegar aproximadamente lo mismo que se tarda desde casa de mis padres a la estación de Zafra. Hay días en los que se escucha el pitido de los trenes con claridad. A veces, en la noche, si la ventana está abierta, a pesar del frío, entra en la habitación esa sensación de ausencia y de emoción que se transmite en las estaciones. Supongo que la familia hace mucho, sí, y, excepto el tiempo que viví en Salamanca –adonde me era imposible desplazarme en tren desde Zafra –, de algún modo mi vida ha transcurrido entre andenes. Entre vías ya inexistentes aprendí a montar en bicicleta y entre andenes aprendí a despedirme de quienes se iban y de quienes se quedaban, también de quienes se fueron y ya no hay manera de que vuelvan. Con el tiempo, sin embargo, he ido acostumbrándome al ir y venir constante, como si casi ya no me afectara. Es todo una mentira. O, mejor, una ficción. Pasa espe...

Croacia XII: un viaje a otra Croacia

Se me ha reconocido como turista al momento de sentarme en el autobús. El conductor, que ha ido pasando por los asientos para pedirnos los billetes, me ha preguntado algo que no he entendido. Plitvi čka jezera, le he contestado con mi mejor intención. Pero no le ha parecido suficiente. La chica de delante de mí se ha vuelto y me ha preguntado en inglés a cuál de las tres paradas. ¿Cómo tres? En el papel sólo pone que hay una, la estanción central. No, son tres, poco antes del Parque Nacional de los Lagos del Pltivice y otras dos donde se encuentra el parque. No tengo ni idea, le he dicho, voy al hotel Jezero. Se han comunicado la chica y el coductor y yo me he quedado mirándola como se mira un vaso de agua cuando se tiene sed, con los ojos abiertos e incrédulo, pero sabedor de la necesidad. Otra joven, blanca como la nieve que rodea este hotel, con los ojos vivos y alegres, me ha pedido perdón por interrumpir, informándome de que, antes de cualquiera de las tres paradas de Plitvice, ha...

Croacia XI: un terremoto, una casa y la historia

Hoy me he despertado como si me encontrara navegando en mitad de alguna tormenta oceánica. No sé muy bien cómo es la sensación, pero en un barco es en lo primero que he pensado cuando he visto que todo se movía, que las vigas de madera parecían bailar frente a mis ojos. No era consciente de que estaba viviendo un terremoto hasta que he recordado el de marzo. Entonces ya sí me he asustado, he pensado que esa viga danzarina podría caerse en algún momento y con ella todo el techo sobre mí, así que, absurdamente, me he cubierto con mis propias manos la cabeza. Ha parado pronto. Luego le han seguido un par de réplicas y luego de nuevo una sacudida como la primera. He pensado en los daños del terremoto de marzo aún visibles. Entre el sueño y la vigilia no era muy consciente de si era real o cuándo. Pero lo ha sido. Esta vez el epicentro se ha situado a 50 kilómetros de la capital croata y los daños se han registrado más lejos de aquí. La península Balcánica está bien viva. Al salir de la c...

Croacia IX: El frío, la nieve y unos refranes

El frío ha llegado a Zagreb con una intensidad que le sabía pero no le esperaba. Antes de venir, me asomé a las páginas meteorológicas buscando cómo suelen ser los inviernos croatas y lo primero que descubrí es que el sur de Europa a veces no está tan al sur, que es más bien una construcción ficticia. La temperatura ya no sube de cinco grados los días en los que hay cierta suerte. Tampoco suele bajar de cero, aunque ya hemos llegado a menos tres. Lo cierto es que me gustan los inviernos y el frío. Me gusta sentir el aire gélido en la cara y llegar a alguna cafetería, pedir un té y calentar las manos apretando la taza. Recuerdo el frío en Göteborg, que tiñó de blanco toda la ciudad a las pocas horas de aterrizar mi vuelo en un aeropuerto con una terminal como un pequeño almacén de un polígono industrial: en esa ciudad tomé mi primer vino caliente y no recuerdo el sabor, sólo el calor en las manos. Recuerdo también que en Groningen, al volver de montar en bicicleta y de pasear sobre un...

Croacia VIII: terremotos y museos

En marzo de este año, Zagreb sufrió la peor parte de un terremoto que sacudió Croacia. No es algo demasiado ajeno a esta ciudad, en la que la historia se cuenta casi por los terremotos que ha sufrido. Hace 140 años un seísmo sacudió los cimientos de esta ciudad y destruyó gran parte de la catedral. El terremoto del 22 de marzo, de 5,4 grados, y sus más de 50 réplicas dejaron un muerto y casi treinta heridos, además de numerosos edificios en los que son aún visibles los daños. La biblioteca en la que yo tendría que estar trabajando estos días también quedó bastante dañada, especialmente la tercera planta, donde se encontraban los libros de germanística. Era domingo y eran aproximadamente las seis y media de la mañana. Eso salvó muchas vidas. Si hubiera sido solamente un día después, las calles agramitas estarían ya empezando la vida, que no se para a pesar del covid. En algunos edificios céntricos aún se ven las huellas de los desprendimientos, paredes desconchadas, como de edificios ...

Croacia II: una mesa

Nunca me ha gustado comer y trabajar en el mismo sitio, ni dormir y trabajar en el mismo sitio. Cuando vivía en Bremen, el escritorio en el que trabajaba, preparaba y corregía exámenes, leía y escribía los trabajos para la carrera eterna que por fin terminé, era también la mesa en la que comía las tristes comidas a la plancha o lo que traía de algún puesto de comida de la calle. Era, además, mi mesita de noche, donde dejaba las gafas antes de irme a dormir, donde apoyaba el libro que hojeaba por las noches hasta que me entraba el sueño, donde dejaba el teléfono que usaba, además, como despertador. Era la mesa multiusos. A veces no queda más remedio que adaptarse a las circunstancias. Al principio busqué otros pisos, otros lugares en los que tener refugio. Más adelante me cansé de buscar e hice de aquel hueco bajo tierra mi hogar transitorio. Porque sabía que sería transitorio, claro está. Hasta estos días no se me ha presentado la temible idea en la cabeza de cocinar y trabajar en la...

Echo de menos el otoño

Soy prácticamente alérgico al verano. Me cuesta salir a la calle, concentrarme, pensar, escribir y leer. Sólo puedo hacer esas cosas de noche, cuando el sol empieza a desaparecer y se levanta un poco de aire que permite estar en el balcón. Soy del sur, pero nos compenetramos mal el verano y yo. El verano pasado fui a desnudarme a la playa y fui a buscar el invierno en Chile. Quise y pude huir del calor. Este he decidido pasarlo sin salir de Extremadura y paso las horas frente al ventilador, tratando de trabajar y adelantar todo lo que llevo atrasado. No está surtiendo efecto, realmente. Por las tardes, echado en la cama, busco imágenes de otros tiempos, de otras estaciones, de cuando los abrigos se hacían necesarios y al calor de la casa se podía leer sin levantar varias veces el culo de la silla, sin sudar, sin estar constantemente sediento. Es agosto y yo me siento incapaz de trabajar. Es agosto y salgo a las calles de este o cualquier pueblo, con las casas encaladas y las parede...