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Julio IV: Soria, día 3

El tercer y último día por tierras sorianas cambiamos de coche y de conductor. Pasó de conducir D. a hacerlo P. Se notaba, sobre todo, en la carretera: una, mucho más experimentada que el otro, se movía con fluidez por el asfalto. Después de terminarnos en el desayuno unos lacitos de hojaldre maravillosos, tomamos dirección hacia Tiermes, un pequeño emplazamiento celtíbero del que se conservan unos pocos restos bastante curiosos.  La carretera no era demasiado mala, como cabría esperar después de lo que habíamos visto los días anteriores. El último tramo, sin embargo, era notoriamente más estrecho; con dificultad pasaban dos coches por ella, algo a lo que no nos enfrentamos a la ida, pero sí a la vuelta. Junto al yacimiento se encuentra una ermita también románica, como el arte que nos acompañó durante los tres días en la provincia. Como en las ermitas que ya habíamos visto, ésta es de una sola nave y también posee un pórtico con esculturas, siguiendo el modelo de la que ya habíamo...

Julio III: Soria, día 2

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No madrugamos excesivamente el martes, pero pudimos aprovechar el día lo suficiente como para hacerle al coche un buen montón de kilómetros. Salimos de San Esteban dirección Soria, atravesando la mencionada autovía del Duero. Poco después de pasar la subida de El Temeroso y comprobar que el camión seguía tirado -lo estaría también a la vuelta, se ve que era más difícil de levantar de lo que yo suponía-, cogimos un desvío a la izquierda que nos acabaría dando acceso a Calatañazor.  Es un pueblecino bastante pequeño, de piedra, en el que, para mi sorpresa, había, creo recordar, cuatro tiendas de souvenirs  y algún que otro turista. En una de las plazas, a la derecha de la calle principal entrando por la carretera, el busto de Almanzor , situado en el centro, justo delante de un vago jardín, observa acechante, serio, a los visitantes; es dueño y señor indiscutible de la historia de Calatañazor, aun cuando, según algunas versiones, es posible que ni siquiera perdiera allí la tan s...

Julio II: Soria, día 1

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El tren tarda bastante poco desde Vitoria hasta Palencia. Dos horas aproximadamente. Es un viaje que se hace bien, aunque ya sabemos que lo de bien o mal en un transporte público depende de la persona que esté sentada a tu lado o incluso del grupo de personas que se encuentren en el mismo vagón que tú. Aun así, no fue mal la cosa. Leí poco y escribí menos, pero al menos descansé, que buena falta me hacía, porque presentarme en Vitoria habiendo dormido poco más de cuatro horas y patearla durante cinco no ha sido una idea sensacional, hay que reconocerlo. En Palencia me esperaba D. en la estación, y, tras las cañas de bienvenida o de rigor, según se quiera, la cena en el Marrano y la final del partido del Mundial de Fútbol, la cama nos esperaba para descansar lo mejor posible, que el viaje hasta San Esteban de Gormaz no será largo, pero tampoco un camino de rosas. Salimos hacia San Esteban relativamente temprano, para aprovechar bien el par y medio de días que teníamos para ver la provin...