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Un poema: La ciudad

La ciudad Dices: "iré a otras tierras, a otros mares. Buscaré una ciudad mejor que ésta en la que mis afanes no se cumplieron nunca, frío sepulcro de mi sentimiento. ¿Hasta cuándo errará mi alma en este laberinto? Mire hacia donde mire, sólo veo la negra ruina de la vida, tiempo ya consumido que aquí desperdicié". No existen para ti otras tierras, otros mares. Esta ciudad irá donde tú vayas. Recorrerás las mismas calles siempre. En el mismo arrabal te harás viejo. Irás encaneciendo en idéntica casa. Nunca abandonarás esta ciudad. Ya para ti no hay otra, ni barcos ni caminos que te libren de ella. Porque no sólo aquí perdiste tú la vida: en todo el mundo la desbarataste. De Konstantinos Kavafis, en versión de Ángel González.

Memoria y futuro

La memoria de uno es selectiva. O quizá ni eso. Es capaz de recordar, o de recrear, y eso ya no sé si sería memoria, sensaciones que tuvo con libros, clases, profesores, encuentros... pero no de unir nombres de autores, títulos, frases, ropa o siquiera caras. Por eso mismo suelo apuntar frases y autores y títulos y pequeños detalles que luego no recordaría y que, a no ser que los anote con mucha precisión, luego no sé ni a qué corresponden ni para qué los copié. Caos. Pero no por eso uno olvida, es decir, no por eso uno no sabe por qué hace tal o cuál cosa más o menos trascendente en la vida. Uno sabe por qué dejó de querer dedicarse a la traducción, o mejor dicho de querer estudiar traducción, para dedicarse a la literatura, a su docencia. Mucho tienen que ver las clases de bachillerato en eso, los autores desconocidos hasta entonces (aún recuerdo cómo conocí a Ángel González: acababa de morir esa misma noche, y "se suspendió" la clase para leer sus poemas: "Ni Dios es ...

Un poema de Ángel González (y su encuentro)

Desobedeciendo al tiempo y a las prisas, no he agarrado Padres e hijos  para leerlo, sino para meterlo y sacarlo de la mochila una y otra vez a lo largo del día. Lo que sí he cogido para leer es Palabra sobre palabra , y eso ya lo he hecho una y cientos de veces, pero como lo leo sin prisa y sin agobios, y lo leo según lo abro, porque siempre me parece que nunca voy a llegar al final leyendo metódicamente, lo he abierto esta vez por un poema que me ha parecido maravilloso, así, sin más, un descubrimiento que realmente no lo es, porque, creo, ya pensaba lo que dice el texto, pero claro, de pensarlo inconscientemente, como se piensa todo en mi materia gris, es decir, sin saberlo y sin darme cuenta de que no lo sé, y sólo gracias al texto uno lo descubre y no puede criticarlo porque lo comparte, a escribirlo, como sí lo hace la materia gris del gran poeta ovetense, no es que haya un gran paso, no, es que hay toda una galaxia de pasos no encontrados. También un nombre puede modificar u...

Don González

LAS PALABRAS INÚTILES Aborrezco este oficio algunas veces: espía de palabras, busco, busco el término huidizo, la expresión inestable que signifique, exacta, lo que eres. Inmóvil en la nada, al margen de la vida (hundido en un denso silencio sólo roto por el batir oscuro de mi sangre), busco, busco aquellas palabras que no existen - quizá sirvan: delicia de tu cuello… - que te acosan y mueren sin rozarte, cuando lo que quisiera es llegar a tu cuello con mi boca -… o acaso: increíble sonrisa que he besado -, subir hasta tu boca con mis labios, sujetar con mis manos tu cabeza y ver allá en el fondo de tus ojos, instantes antes de cerrar los míos, paz verde y luz dormida, claras sombras -tal vez fuera mejor decir: humo en la tarde, borrosa música que llueve del otoño, niebla que cae despacio sobre un valle - avanzando hacia mí, girando, penetrándome hasta anegar mi pecho y levantar mi corazón salvado, ileso, en vilo sobre la leve espuma de la dicha. Ángel González

La verdad de la mentira

La verdad de la mentira Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas, y una voz cariñosa le susurró al oído: - ¿Por qué lloras, si todo en ese libro es de mentira? Y él respondió: - Lo sé; pero lo que yo siento es de verdad. Ángel González, de Nada grave

Todo es nuevo, y mejor

La vida en Salamanca deja de ser lo que era, empieza a aparecer nueva gente, nuevos conceptos y nuevos sentimientos, y no puedo olvidar aquello de: T e llaman porvenir porque no vienes nunca. Te llaman: porvenir, y esperan que tú llegues como un animal manso a comer en su mano. Pero tú permaneces más allá de las horas, agazapado no se sabe dónde. …M añana! Y mañana será otro día tranquilo un día como hoy, jueves o martes, cualquier cosa y no eso que esperamos aún, todavía, siempre. Ángel González Y es que, esta vez, lo que esperaba, sí que ha llegado, de manos completamente desconocidas.