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Mostrando las entradas etiquetadas como Adriático

Croacia XXI: Dubrovnik (II)

Las escaleras ocupan gran parte de la ciudad de Dubrovnik, hay que ir preparado y descansado para subir hasta el alojamiento. Entrando por la puerta de Pile, que lleva directamente a la fuente construida por Ivan Meštrović, todas las calles que se van presentando a la izquierda hasta la Plaza de la Logia están compuestas por escalones de piedra antigua, rayada en muchos casos, imagino que para evitar un resbalón fatídico. En una de estas calles, la Antuninska Ulica, se encuentra la casa en la que me quedo la segunda noche de mi breve estancia en Ragusa. Cada una de estas calles funcionaba en tiempos como un pequeñísimo barrio en el que los vecinos se ayudaban en su día a día. Son calles estrechas, de aproximadamente un par de metros de ancho, y en ellas se ven tendales de ropa de pared a pared que, para aprovechar más el espacio, se colocan en diagonal y no justo de frente. Un cartero pasea las calles buscando las casas de los destinatarios de esos sobres que parecen antiguos y sin e...

Croacia XX: Dubrovnik (I)

Una vez que se llega a las murallas de Dubrovnik, el mundo parece cambiar de ritmo y de época y el paseante se encuentra ante una imagen completamente desconocida. La que probablemente sea la ciudad más turística de Croacia, la más conocida de toda la costa dálmata y de este lado del Adriático, permanece silenciosa y calmada, como ajena al paso de los días, como puesta en pausa. El tiempo ahora se cuenta de otra manera. Las calles, en otras ocasiones repletas –esto lo ve uno al atravesar la primera puerta, la de Pile, por supuesto con la imagen de San Blas sobre ella– de turistas con sus cámaras de fotos y sus prisas y sus idiomas y sus exigencias y sus vidas – tristes o alegres, dichosas o desgraciadas – , se encuentran hoy adornadas con guirnaldas de carnaval que se extienden sobre la nada que ocupa las piedras que cubren el suelo. No es triste estar aquí, no se aprecia decadencia, sino más bien resignación entre estos muros, y una resignación valiente. De repente, unos críos corren ...

Croacia XVIII: las espinas y Split

Se dice que se tiene una espina –o espinita – clavada cuando algo que se querría haber hecho o conseguido, aún no se ha tachado de esa lista imaginaria que tenemos todos. Esas espinas pueden ser varias y diversas: una lengua que nunca se estudió lo suficiente, un beso que no se dio y quién sabe qué historia se perdió, una carta que no se escribió, un trabajo que no se aceptó en su día, un viaje que no se hizo… Me gusta la versión de la espinita , porque parece que le resta valor cuando, en realidad yo diría que se lo otorga. Hace unos días yo tenía una espinita clavada en la mano derecha, de las que no son metafóricas, era una hebra de enea de un sillón que tenemos en la cocina de la casa en la que vivo en Zagreb: arrastré la mano imprudentemente por el asiento y me traje conmigo una pequeña espina de ese material que no es madera, pero se le asemeja. Parecía inofensivo, pero a los dos o tres días, al pasar la mano por cualquier sitio, al tocar la parte en la que tenía la espina (...