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Mostrando las entradas etiquetadas como aeropuertos

Maletas, libros y viajes

Lo que peor llevo de hacer maletas para estancias largas es elegir los libros. Uno sabe qué le apetece leer ahora, pero no qué le apetecerá leer cuando llegue el invierno y las noches sean largas y el frío esté tras las paredes de la casa. Es imposible decidir. Cuando viajo a Alemania no tengo demasiados problemas, me llevo lo que me apetece en ese momento y allí ya compraré lo que sea; pero ahora, en Croacia, la cosa cambia. Donde la cosa es, concretamente, el idioma. Hay quien lee con premeditación: tiene un listado de libros que quiere haber leído hasta final de año y eso hace. Yo, en cambio, me lo planteo así y, en lugar de una lista, lo que tengo es una pila. Se supone que cuando termine el que tengo entre manos en cada momento, lo único que tendré que hacer es colocarlo en su sitio en la estantería y empezar el que está arriba del todo del montón, pero ese montón va cambiando de orden y de lugar y, por supuesto, una vez transgredida la ley de la permanencia, ya da igual, no t...

Un viaje a Sarajevo III: Descubrir lo conocido

El día ha comenzado temprano en Budapest: sobre las siete y media tenía que estar esperando al autobús para volver al aeropuerto y embarcar rumbo a Sarajevo. Madrugar no es algo que se me dé especialmente bien, pero cuando tengo viajes así no es que me levante temprano, es que duermo bastante poco entre los nervios del viaje y las opciones que sé que tengo de quedarme dormido, así que algo antes de que a las seis sonara el despertador yo ya tenía los ojos abiertos en la cama del hostel donde dormí ayer. En la calle ya lucía un sol espléndido a las siete de la mañana que me ha recordado que aquí los horarios son otros, que amanece antes y se hace antes de noche, como en todo el mundo excepto en España, donde llevamos el retraso acumulado. Durante el vuelo apenas me ha dado tiempo de cerrar los ojos mientras escuchaba Three Letters from Sarajevo, de Goran Bregovi ć y ya estábamos aterrizando en el pequeño Aeropuerto Internacional de Sarajevo. Un autobús conecta el aeropuerto con el...

Un viaje a Sarajevo II: Parada en Budapest

Budapest nos cuenta mucho de su historia con sólo poner un pie en la ciudad. Desde el autobús que me lleva del aeropuerto al centro se ven unos alrededores descuidados, casas con fachadas desconchadas, de una parte más reciente de su pasado, parece. Pero en cuanto se pone un pie en el centro, la ciudad se vuelve señorial, imperial, edificios altísimos, con grandes entradas que lo dejan a uno aún más pequeño de lo que es, aparecen por todas partes. Budapest cuenta la historia de su pasado más imperial, más glorioso. Para mí, Budapest es sólo una parada necesaria más en mi camino hacia Sarajevo. Desde aquí, antigua parte dominante del Imperio Austrohúngaro, es fácil llegar a Sarajevo, aunque no tanto como pensaba. La compañía húngara de bajo coste Wizzair ofrece vuelos directos, pero no hay autobuses ni trenes (al menos yo no los he encontrado) que vayan directamente hasta allí. Imagino que es por el hecho de que la Jerusalem de los Balcanes no se encuentra dentro de las fronteras d...

Vuelta después de Navidad. Parte II

Llegué, por fin, a Frankfurt y, por supuesto, como suele pasar en esos casos en los que tienes prisa, la puerta de embarque está a veinte minutos de las cintas, pero eso tiene una parte buena, que cuando llegas, ya están las maletas ahí dando vueltas. Aun así, falta lo otro que suele pasar en estos casos: la maleta que esperas sale de las últimas. Así que, como sé que probablemente ya no llegue al autobús porque falta media hora para que salga y la empresa te exige estar allí quince minutos antes de la salida o haber cancelado el billete para entonces, y como no sé ni dónde es ni cómo llegar, decido que, como máximo a menos cinco, cancelo el billete. Pues, efectivamente, cancelar, recibir el email de confirmación de que me devuelven 13€ de un billete de 18€ en forma de código de descuento y aparecer la maleta por la cinta. Más ajustado imposible. Me he cagado en todo, lógicamente. Hacía mucho tiempo que no estaba en este aeropuerto, la última vez, si no recuerdo mal, fue en el año 20...

Vuelta después de Navidad. Parte I

Hacía mucho tiempo que no viajaba tanto, que no pasaba tantas horas entre andenes y puertas de embarque. Volver a casa por Navidad siempre es, ante todo, viajar y compartir ruta con cientos de personas que, de un modo u otro, se convierten inesperadamente en compañeros, en cómplices. De vez en cuando una sonrisa, un gesto, una mueca, algo que nos indica que, sin conocer a otra persona de nada, está pensando lo mismo que nosotros. Las patadas en el asiento de los niños que, irremediablemente, siempre están sentados detrás de nosotros en el avión provocan un gesto acorde y paralelo en los viajeros, las prisas si hay algún retraso, en todos hace aparecer una indiscutible cara de angustia, así, en fin, conocemos sin conocer, compartimos íntimamente pensamientos por unos míseros segundos, pero comprendemos de algún modo que no estamos solos en esta travesía larga que a todos nos lleva de un punto a otro y pareciera que el viaje de nadie pudiera ser más extraño que el nuestro. El mío d...

Por alguna razón

Por alguna razón, me interesan los lugares de paso, los mismos que a veces son de partida o de llegada. Me interesan las estaciones, los aeropuertos, los puertos y las aceras. Esos lugares que dejan a alguien atrás, mientras nosotros, o ellos, otra persona, distinta a la que se queda, avanzan en un sentido u otro, hacia este o aquel lugar. Hay gente de la que te despides cuando se pone el sol, mientras en otro sitio, dicen, alguien espera, a la mañana, tal vez. A veces, sin embargo, allí no nos espera nadie, y nos quedamos en la soledad de las calles, unas u otras, soportando el peso de la culpa, de la despedida, del adiós sincero, del adiós con prisas. Sin embargo, en ocasiones, esas despedidas no son como esperábamos, son antes -quizá después, las menos veces- de tiempo. Quizá ni siquiera llegan a ser, como si no hubiera que despedirse de nada o de nadie. Y el nudo en la garganta llega después, e intentas deshacerlo llegando a la carrera a la estación antes de que salga el tren - qui...

Diarios y desganas

Hace unos años, en Alemania, en Heidelberg, en verano, me compré una libreta, bien sobria y bien cara, para escribir en ella de todo y más: anotaciones, direcciones, números de teléfono, anécdotas, poemas, etc. Todo lo que me fuera necesario en algún momento, porque sí, por recordar, por un viaje inesperado. Lo que fuera. En un principio pensaba terminarla en un año, como mucho, y ya va camino de cumplir el tercero si nada lo remedia. Está más bien estropeada, no porque yo la haya tratado mal, sino porque ha venido conmigo a todas partes desde que la tengo. Solía -ya no tanto y no sé porqué- llevarla en el bolsillo, en la mochila o donde fuera, por si tenía que anotar algo, pegar algo o guardar algo. Una de esas veces que la llevaba conmigo me cayó encima el mayor chaparrón de mi vida. No exagero. Tardé cinco minutos en llegar de mi casa a la parada del metro, en Bonn. Cogí el metro para dos paradas nada más, pero desde mi casa a la parada se puso a llover como si se acabara el mundo. ...

Diario de Viaje: Wittenberg. Primeros días.

Más o menos sin querer, he empezado una especie de sección en el blog. Como no voy a tener internet en casa estos días y seguramente no pueda escribir demasiado, voy a procurar ir escribiendo por aquí todo lo que vaya sucediendo en esta ciudad y en este país que tenga algo que pueda contarse, así tendré tiempo para que todo el mundo sepa lo que pasa y para tranquilizar un poco a quien pueda estar intranquilo. Me dejaré muchas cosas en el tintero y otra gran parte será poco o nada interesantes, pero bueno, una sección es una sección, y esta, además, va a ser poco meditada, es decir, escribiré y, según salga, así irá. Diario de viaje: Berlín. Día 2 El avión ha llegado puntual al aeropuerto de Tegel. Después de pasar toda la noche en vela el vuelo ha sido para descansar, o para intentarlo, pues 42 minutos dan poco de sí. Ya era bastante de día cuando el avión ha despegado, así que hay poco reseñable del vuelo además del pequeño desayuno (dulce y té) que oferta Lufhansa y que se echa mucho...

Diario de viaje: Aeropuertos: Frankfurt Airport

En este aeropuerto el silencio es solemne, sólo el aire acondicionado lo rompe, las televisiones, dos por cada puerta de embarque, apenas si se oyen y los viajeros, que a esta hora escasean, se dirigen en silencio a por sus maletas. Las tiendas ya han cerrado, los trabajadores, cansados, se juntan y se saludan. Todos, casi todos, van a casa mientras el aeropuerto queda vacío pero iluminado, como si la vida siguiera a pesar de los pocos que quedamos aquí. Junto a la cristalera, en esta especie de cafetería sin camareros y con la máquina de café apagada, se ven cientos de puntos rojos y azules, luces de todas las clases, coches de carga y algún que otro avión que, a estas horas, todavía tiene camino por delante. A mí me esperan unas pocas horas hasta que llegue el momento de tomar el otro vuelo con destino Berlín, y acercarse hasta Frankfurt en plena noche y sin conocer la ciudad quizá no sea la mejor idea, así que me quedaré en esta silla, acabaré con la batería del portátil, supongo, y...