Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Blücherstraße

Cuarentena XV: una foto de Bremen

Hace un rato I. me ha enviado una imagen que me ha llevado hasta una esquina muy concreta de Bremen. Debe de haber salido a pasear en cuarentena y supongo que se ha acordado de mí. Este año se cumplirán cuatro años desde que no vivo allí y, sin embargo, creo que esa ciudad y la gente que conocí en ella aún juegan un papel muy importante en lo que soy. En esa ciudad me enfrenté por primera vez a la soledad más absoluta, ahí estuve días enteros sin relacionarme con nadie, semanas en las que sólo veía a los alumnos y llegaba al zulito en soledad. Fue un tiempo muy introspectivo. Era también la primera vez que me enfrentaba al mundo laboral real , a una clase con niños alemanes, a las notas, a los exámenes, a las reuniones de padres... Bremen fue como el paso a la edad adulta.  Al final del día, especialmente los jueves, que terminaban con la clase de cocina en español a las cinco de la tarde, tomaba el tren que me devolvía a Bremen desde Delmenhorst. Allí tomaba el tranvía para b...

Soy de trasnochar

Soy de trasnochar, no sé si desde siempre, pero sí desde hace algún tiempo. Supongo que parte de la culpa la tienen las eternas y benditas traducciones, la gramática y los libros que no dejan de querer ofrecerte un par de páginas más. Y así pasa, que cuando se apaga la última luz en el barrio, cuando la calle queda prácticamente a oscuras, mi escritorio sigue iluminado y la cerveza se consume lentamente, bajándome por la garganta, fresca, con el sabor de la realidad y los misterios, arrastrando sus historias y mis miserias y (pocas) virtudes. Soy de trasnochar y en este país eso no está del todo bien visto: los niños están a las nueve de la mañana jugando con sus padres en el parque mientras yo me tambaleo entre las aceras, en busca de un tranvía que me acerque a la vida en sociedad de la que vivo a veces apartado -por noctámbulo-, un tranvía que ponga orden en los horarios y las tareas, que me lleve al trabajo, un trabajo que suelo empezar tarde por el horario que me han dado, como s...

Escribir. La soledad, el silencio y el tiempo.

Me he propuesto actualizar más a menudo, por imposición personal y nada más, aunque tenga poco que decir. En realidad tampoco pretendo que todo lo que hay en este blog sea de éxito para la crítica y la audiencia (¿es audiencia la que lee? ¿es audiencia si se le lee?). Así que escribo, para ejercitar las palabras que salen cada día con algo más de dificultad de entre mis dedos, que se escurren o no se dejan moldear, creando entre ellas frases desesperantes en incoherentes, por mucho que lea en español, por poco -aunque lo intento- que lea en alemán.  A lo que voy es que desde la soledad de esta casa, a la que llamo cariñosamente -y despectivamente a la vez- zulo, subterránea en la que habito y también vivo, la soledad se siente a veces muy cercana. De vez en cuando aparecen unos gatos en el jardín que se ve desde la habitación, y unos pájaros, de alguna raza que desconozco y, al menos de momento, tampoco me interesa, se dedican a beber de un camión de juguete, del romelque, en el qu...