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Mostrando las entradas etiquetadas como Universidad

La pandemia, la escala de valores y el campo

Me fascinan los cambios. Los hay constantemente y de todo tipo: cambios de planes, de ropa, de ciudad, de casa, de amistades, de pareja... Los que son visibles, como cambiar los colores de la habitación en la que duermes a diario, son sencillos de aceptar: antes se veía esto, ahora se ve esto otro, ya está. Otros, como los cambios de planes, pueden ser propuestos por uno mismo: no vamos a este restaurante, vamos a este otro; y no se aceptan del todo mal. Algunos son inevitables, como tener un plan de trabajo para toda la tarde y acabar en el hospital por la ingesta de un alambre mientras comes guisantes - tal vez algún día cuente esto por aquí -, y ahí sólo cabe la resignación más absoluta. Los hay difíciles de aceptar, que son los que afectan verdaderamente a los sentimientos: que alguien desaparezca de nuestras vidas, por ejemplo. La muerte es un cambio difícil de asumir, pero es lógica. Sabemos que va a llegar y llega. Aunque no siempre avisa, no oculta sus intenciones. Seguramente...

Cuarentena VI: el coronavirus y la humanidad

El mundo está paralizado por esta extraña circunstancia en la que un pequeño virus nos acosa a todos. Sabemos que no es extremadamente letal y, sin embargo, nos vemos recluidos todos en casa para salvarnos unos a otros, para crear comunidad, algo que hasta hace muy poco parecíamos haber perdido.  El sistema económico y productivo actual nos obliga a tratar de ser mejores que otros, a obtener siempre mejores resultados, a rendir más, a ser más eficaces, a ser más eficientes, y eso es completamente contrario a la idea de comunidad. Pero la comunidad es la que nos ha traído hasta aquí. Recuerdo a veces esa historia que cuenta que la primera muestra de humanidad es un hueso de una pierna, un fémur, creo, recuperado, la historia que cuenta que, en algún momento, la raza homínida que habitaba el planeta antes de nosotros, alguno de sus miembros, decidió no dejar atrás a alguien que no podía valerse por sí mismo. Si nos paramos a pensarlo con más calma, sabemos de animales que hacen ...

Origami: grullas y una historia

Cuesta hacerse a la idea de los cambios, de las dobleces de la vida, de cada giro inesperado, de cada curva. Casi nada es nunca como esperamos, como creemos. Qué problema el horizonte de expectativas. Los últimos meses están siendo convulsos. Desde noviembre, la familia es distinta, la nostalgia está en cada paso, en cada herida, en cada verso, en cada traviesa. Demasiado ir y venir, demasiado estar y no estar. Como forma de distracción de los recovecos de la vida, S. ha retomado la leyenda japonesa de las mil grullas, ésa que dice que si haces mil grullas de papel, se te cumple un deseo. Eso o te armas de paciencia, te tranquilizas. Así que he aprendido a hacer grullas. Para mí esta leyenda no es realmente nueva, es decir, no es la primera persona que me habla de ella, aunque es cierto que cuando me la comentó, me sonó un poco desconocida. Luego ya he recordado a M., que llenó Segovia de pajaritas de papel con un plan muy concreto. Y lo consiguió. Hace tiempo que no se nada de e...

Un viaje a Sarajevo VI: Un escritor migrante

Hoy ha sido mi último día de este viaje en Sarajevo. Mañana vuelvo a Budapest para volar desde allí a Madrid y luego regresar a Sevilla. Demasiadas escalas para la cercanía que yo noto en estas calles. Como ayer no conseguí quedar con el profesor V., aplazamos la cita para esta mañana a las doce en la puerta de la Facultad de Filosofía, de nuevo. Realmente él tenía interés en quedar conmigo y yo bastante interés en quedar con él. Si de aquí sale una futura estancia en Sarajevo, ya se verá. El caso es que algo antes de las doce del mediodía estaba yo en la puerta de la Facultad, esperando a V., que ha llegado algo tarde. Es un tipo grande, muy grande, casi más ancho que alto, que fuma como una chimenea. No creo que ningún análisis médico le augure muchos años de futuro. Hemos ido directamente a un centro comercial que hay frente a la Facultad, justo al lado del Hotel Holiday Inn, a una cafetería que hay en la parte contraria a la que estábamos nosotros, con terraza. Nada más entra...

Este hogar

Cuando puedo, apuro hasta el final en la Facultad, si consigo que sea hasta las diez, incluso algunos días hasta las once, cuando ya no queda nadie por aquí. Las tardes siempre son tranquilas, al mediodía el barullo de turistas y alumnos desaparece y el contraste con las mañanas es asombroso. Imagino que todo el mundo prefiere estar en casa con sus familias, cenando, viendo la televisión, tal vez en el teatro o en el cine, o sin hacer nada, simplemente descansando. A mí, sin embargo, me gusta disfrutar de la calma que brinda la Facultad por la tarde, hasta entrada la noche, cuando la oscuridad de los pasillos ayuda a pensar en otros muchos silencios y en otras miles de historias. Para trabajar siempre he preferido la calma, el sosiego y la bruma. Dejo que se vaya apagando el día y que de las claraboyas del despacho la luz desaparezca. Enciendo entonces solamente la luz del flexo, como si todo la luz fuera un foco de trabajo, como si mientras más concentrada esté, más y mejor avanzara ...

Cuatro meses después

Hace algo más de cuatro meses que llegué a Freiburg im Breisgau (Friburgo de Brisgovia dicen que se dice) una de las ciudades más ecológicas de Europa y la que disfruta de más horas de sol al año en Alemania. Sorprendentemente, esta ciudad rodeada de árboles, bosque y nieve en estas fechas, ofrece a quienes la habitamos unas pocas de horas de sol cada pocos días. Nada que ver con Bremen, donde el sol no se dejaba ver en meses completos y el cielo estaba cubierto de un gris de silencio y vacío al que había que acostumbrarse con tiempo y paciencia. Ahora esta luz me parece casi artificial, impropia de este país y, en cierto modo, echo de menos las nubes oscuras y las noches largas de la pequeña ciudad hanseática. Siempre he sido, contrariamente a lo que se esperaría de alguien de mi latitud, bastante más nocturno: he preferido leer y trabajar de noche, escribir y vivir de noche, dormir largamente las mañanas, con la luz entrando entre las cortinas, escuchando la vida ahí afuera, mientra...

Otras ciudades y otras lenguas: una cita

     En Alemania no suelo moverme en autobús. Los viajes así se suelen hacer eternos, y lo que en tren se hace en cinco horas se convierte en más de ocho programadas y, muy probablemente, a causa de los atascos, en alguna más. Sin embargo, he usado el autobús con cierta frecuencia en la última semana para acercarme a ver a amigos y conocidos por regiones bastante más meridionales que la de la ciudad hanseática en la que vivo.      Sumando creo que no han sido más de quince horas en total, aunque bien cierto es que la vuelta la hice en tren desde Göttingen. Esta ciudad, que en mi mente está exclusivamente relacionada con los hermanos Grimm y que en realidad es mucho más que eso, tiene una de las universidades con más renombre de Alemania, encargada de la importancia cultural, turística y científica de este enclave del sur de la Baja Sajonia.      Pero a lo que iba. En Göttingen sólo había estado una vez y de noche, también en un encue...

Cambiar de ciudad, cambiar de vida

En cierto sentido uno no elige, muchas veces, lo que hace o deja de hacer. Las cosas vienen dadas, impuestas o aceptadas, sin muchas dudas o preguntas, las decisiones se toman por inercia, a veces, porque alguien ha demostrado, inculcado, hecho o deshecho cualquier tipo de cosa, espectáculo o favor que nos hace cambiar, de repente, la forma de ver algo, de entender algo, de pensar algo.  Yo estoy donde estoy por muchas razones. Primero quise ser traductor, hablar mil idiomas y ser capaz de transmitir el conocimiento de unas lenguas a otras. Luego supe -o más bien me hicieron saber- que eso no era lo que realmente quería, que lo que quería era dar clase, ser profesor y ser filólogo. Decidir qué filología no fue tarea fácil, si hubiera sido por seguir el ejemplo de quienes me mostraron las virtudes de estos estudios, sería clasicista o hispanista, sin ninguna duda. Supongo que fue por esa disyuntiva, por no saber cuál de los dos mejores caminos elegir, que elegí la tercera vía, la pr...

España de pandereta y olé

Uno lee cosas que sabía  y se desanima un poco más de lo que ya estaba. Con la imperiosa necesidad de dar sentido al futuro más próximo, aunque con el curso recién empezado, como quien dice, aún parezca lejano, la opción de volver a Salamanca se baraja entre las más posibles, ya que el plan establecido desde un principio falla por cuestiones burocráticas y, se vea como se vea, la opción del máster de secundaria no es tal, sino, más bien, una obligación. Es muy triste ver, sin embargo, cómo las ayudas a la investigación, a las ganas de los jóvenes españoles, al futuro de la educación y la innovación en este país que, por sus gobernantes, deja de estar en el sur de Europa para estar en el norte de África, se disuelven, desaparecen, se evaporan. Así están las cosas, cuando falta muy poco para empezar a pedir plazas en sitios, becas y demás, cuando cada una de estas cosas que se piden necesita un expediente académico original que cuesta 50 eurines, o compulsa, claro (20€). Habrá que ar...

Sin vuelta aparente

Hace tiempo -dos, quizá tres meses- que uno viene preparándose para esto: empaquetar y desempaquetar, encajar y desencajar  el tiempo y sus consecuencias, todo lo que han ido creando el espacio y las acciones, la amargura y el silencio. Tu silencio. Desde el principio sabíamos cuál era el final de esta historia, cómo habría de terminar todo si algún día empezaba de verdad, y cuando empezó no pudimos negarlo, no pudimos decirnos que no a nosotros mismos- No quisimos creer nuestra propia verdad, nuestra propia historia. Ahora ya han pasado tres años, las cajas se van vaciando de ropa y de papeles, y con ellos y las fotos la habitación se llena de recuerdos, de realidades sólo nuestras. Seguramente nunca más compartamos esa vida que nos unió al futuro, y seguramente el futuro no será como lo imaginamos cuando aún no conocíamos el presente, pero será el nuestro. Quizá, quién sabe, los recuerdos se pierdan entre otros muchos en la amarga melancolía de la edad, o tal vez permanezcan cuan...

Calle Prado (II)

Las paredes de esta habitación se vacían de nuevo y poco a poco vuelve a verse por todas partes el color azul que las recubre. Esta vez es todo, posiblemente, para siempre. Hace ya tres años que puse por primera vez los pies en esta ciudad que no dejará de habitarme, pero en la que yo ya no estaré. El otoño que llegará tras el verano que va a empezar no me regresará a Salamanca. Todo acabará de nuevo. Todo. Quedará la posibilidad de volver, pero desde que la partida será la menos probable: ¿volver para qué?, ¿volver para quién? Caminante, no hay camino  rezan los versos de Machado y, con cada minúsculo paso, uno se da cuenta de que es verdad, de que no hay camino ni vereda, de que pisar fuerte es la única forma de abrir el paso. Desde ya las cajas se amontonan y la incertidumbre se pasea entre los huecos y el vacío sólo se cubre bajo las sábanas, y sólo a veces.

Una verdad

"Elija bien. Lo único que nos queda son recuerdos, al menos que sean lindos, ¿no?" El secreto de sus ojos.  

Calle Prado (I)

Por la ventana abierta entran las voces de la calle, el sonido de los vasos de quienes, en las terrazas de los dos bares que están junto al portal, beben y pasan la noche, ahora que aún no hace un calor sofocante, mientras el camarero, bajito, moreno, no demasiado fuerte, recoge las sillas que han ido quedando vacías. Algún que otro coche pasa junto a ellas de vez en cuando, borrando las risas por un instante, breve pero demasiado extenso. La luz es la justa, dentro y fuera. No se necesita más para ver. Algunas ventanas, iluminadas, muestran vida en unas casas que hasta ahora me habían parecido vacías, siempre. Pero ahora ya no, ahora que sé que pronto no estarán ahí, como el árbol que cae en el bosque y que nadie ha visto caer, por lo que no ha caído, ahora, digo, es cuando las veo. Cuando sé que no tendrán vida, porque sólo serán recuerdo. Y los recuerdos no laten. La ventana seguirá abierta un tiempo, dejará entrar la luz y las voces, el ruido de los coches y las risas de madrugada ...

Encierro Facultad de Geografía e Historia

Los actos simbólicos se suceden en todas partes, como una epidemia inocua, con la esperanza de que se preste atención en ellos, en la calle, pero de momento se consigue poco. Mañana aparecerá Botín por Salamanca, parece ser, irá al Edificio Histórico mientras que los alumnos siguen encerrados en la Facultad de Derecho, mientras yo escribo esto desde el aula 14 de la Facultad de Geografía e Historia a las 4.11 de la noche. Planto aquí el manifiesto que hemos redactado, ¿para qué? Pues quizá para demostrar que somos unos cuantos (75 estábamos aquí metidos) y que, aun en época de exámenes, alguna molestia nos tomamos: Comunicado de la Asamblea del Encierro en la Facultad de Geografía e Historia Salamanca, 25 de Mayo 2012 Facultad de Geografía e Historia Reunidos en asamblea, los alumnos  encerrados en la Facultad de Geografía e Historia manifestamos: Nuestro rechazo unánime al Real Decreto-Ley 14/2012, del 20 de abril, de medidas urgentes de racionalización del gasto público en el ámb...

¿La pública, de luto?

Hoy, más que de huelga , estoy de luto. Me pregunto si esta huelga llevará a algún sitio, además de a que los trabajadores que hoy no han ido a sus puestos de trabajo pierdan algo de su sueldo. Seguramente no. No porque el problema es, como siempre, la burocracia, los tiempos, la legalidad, el hundimiento de la ética. Mientras ellos tengan el dinero y nosotros lo necesitemos, la única opción es trabajar por menos, aguantar, o saltarse la legalidad y optar por la acción y la desobediencia civil. Y no es que esté a favor de la violencia, por supuesto, pero no hay manera de acabar con esto razonando, ¿o es que nadie se da cuenta de que no importa cuántos llenen las calles , cuántos salgan a gritar por sus derechos? La desobediencia civil es también, y más ahora, la resistencia pacífica, arriesgarse a los arrestos, al escándalo, pero, como están las cosas, ¿quién deja de estudiar para irse a las calles, a las plazas, a saltarse las vallas que bloquean el camino de la educación pública en f...

Para reflexión: Literatura y sociedad democrática

Escribe el recientemente fallecido Miguel García Posada en El vicio crítico verdades como puños. Una de ellas es esta: "La gran literatura posee un grado de refinamiento que resulta difícilmente compatible con los usos de las grandes masas incorporadas a los hábitos del consumismo. No cabe esperar de los poderes públicos -de los poderes democráticos, quiero decir- especial atención o interés por la literatura. Los votos se consiguen patrocinando grandes competiciones deportivas. Dista de ser inocente que la literatura pierda puntos en los sucesivos programas de instrucción pública. Servir, lo que se dice servir, en el sentido más pragmático de la palabra, no sirve para gran cosa. Tampoco sirve para dominar con soltura el idioma materno, digan lo que digan algunos (ahí es nada: Góngora en una clase de lengua castellana)." Miguel García Posada  Sirva pragmáticamente  o no lo cierto es que va perdiendo favores la literatura entre el sector político gobernante. Más ahora. No teng...

Leer no es cosa de niños

En el colegio le enseñan a uno a leer, a unir letras para formar sonidos que forman palabras que constituyen el lenguaje. Más adelante esos conocimientos se van poniendo a prueba, las lecturas se van haciendo de más letras y de menos dibujos, de más contenido y lenguaje. En el instituto, se supone, cada uno es capaz de leer, o sea, pasar del papel a la lengua, y de entender, que está explícito en el primer infinitivo aunque a veces no lo parezca. En casa uno perfecciona su técnica -su velocidad, su entonación cuando lee en voz alta, si ritmo-, en la comodidad del silencio del hogar, en la de la ropa práctica. En la Universidad todos somos perfectos leedores , todos entendemos y tenemos una técnica propia definida, al menos por el momento. Aquí estamos todos seguros de que leer es un proceso natural, ya no parece aquella difícil cuestión de unir letras para participar del lenguaje que fue en su día. Pero, aquí también, llega un día en el que lo que lees no es sólo lo que lees, sino que ...

Suiza en Salamanca

Esta tarde ha comenzado en la Facultad de Filología el seminario "Suiza: 4 lenguas, 4 culturas" , que tiene lugar cada dos años en la Universidad de Salamanca. Esta tarde han intervenido Pedro Lenz y Gerhard Meister , dos autores de lengua alemana, dos freie Schriftsteller  (escritores libres, un concepto que se refiere a que son escritores, y ya, que no hacen nada más para ganarse la vida que escribir, ya sea libros, columnas en periódicos, etc. No tengo muy claro el concepto, y no me parece que en España haya nada parecido), y mañana intervendrán Pierre Lepori , de lengua italiana, Antoine Jaccoud , de lengua francesa, y Anita Decurtins-Capaul, directora de la editorial "Casa Editura Rumantscha" , especializada en la publicación en retorromance. Y por la tarde habrá una representación, una especie de performance en la que los autores tomarán la palabra de otros escritores suizos, especialmente en una de las lenguas que no dominen, porque lo importante es la diver...

Un poema de Christian Uetz

Hace poco una profesora me dejó un libro para poder hacer un trabajo, quédatelo, me dijo, ya sabes que me jubilo, tengo otro y no creo que tenga más alumnos este año a los que les pueda interesar o servir, así que, si quieres, te lo regalo. De ese libro es este poema. Wenn wir keinen Sex haben: es ändert nichts. Wenn wir uns nicht sehen: es ändert nichts. Wenn die Wünsche nicht in Erfüllung gehen: es ändert nichts. Aber das Wort davon ändert alles. Christian Uetz , aus Das Sternbild versingt . --------------------------------------- Si no tenemos sexo no cambia nada. Si no nos vemos no cambia nada. Si no se cumplen los deseos no cambia nada. Pero la palabra lo cambia todo. (1) Christian Uetz, de Constelación en fuga . 1 La traducción es de Clara Janés.

De técnico a humano

"Ich möchte nicht da sein, niergends sein. Ich halte nicht von selbstmord. Das ändert ja nicht daran, daß man auf der Welt gewesen ist. Und was ich wünschte, nie gewesen zu sein. Ich habe nichts mehr zu sehen: ihre zwei Hände, die es nirgends mehr gibt, ihre Bewegung, wenn sie das Haar in den Nacken wirft, ihre Zähne, ihre Lippen, ihre Augen, die nichts mehr sehen.Wo soll ich sie suchen?"  Walter Faber en la película  Homo faber ------------------------------------------------------------------------------------------------------ Me gustaría no estar aquí, no estar en ningún sitio. No considero el suicidio. Eso no cambia que uno ha estado en el mundo. Y lo que me gustaría es no haber existido nunca. Ya no tengo nada para mirar: sus manos, que ya no están, su movimiento cuando suelta el pelo a la desnudez, sus dientes, sus ojos que ya no ven. ¿Dónde debería buscarla?