Cuarentena VII: El vacío y la (a)normalidad
La semana pasada tuve que ir a la Facultad para poder continuar con las clases telemáticas - recoger libros y material era, visto que el confinamiento se alarga, imprescindible -, así que tuve que aventurarme a una calle conocida y completamente ajena. Sobrecoge Sevilla tan vacía, con esa cierta aura majestuosa de la Avenida de la Constitución, con la catedral a un lado, imponente, y el Archivo de Indias - cerrado estos días -, solitaria isla americana en esta ciudad portuaria y sin mar, que se contempla a sí misma orgullosa y a veces altiva. Sobrecoge verla en silencio una mañana de diario, con poquísimos transeúntes en sus calles, atestadas de turistas en un día normal. Pero no es un día normal y Sevilla está vacía, silenciosa, como un pueblo que duerme sin habitantes de esa España vaciada. Normalmente el bullicio de estas calles impide oír nada más allá de las voces de niños, músicos callejeros, las gitanas que "regalan" romero o los que ofrecen sus productos para...