Cuarentena XIII: dos citas, Sarejevo y muchas anécdotas
Hace unos días leí en Manual de exilio , de Velibor Čolić, una frase que me persigue desde entonces: Yo no soy un hombre, soy una anécdota. Y supongo que, de un modo u otro, todos estamos hechos de anécdotas. Tal vez lo de Čolić sea una exageración, eso de ser una sola anécdota, pero imagino que no somos, realmente, más que una serie de incontables anécdotas, unas más inasumibles que otras. En estos días podría ser una anécdota salir a aplaudir todos los días a las ocho de la noche. O convertirse en un mensaje alto y claro. ¿Qué diferencia una anécdota de algo que pasa a ser realmente válido para conformar la vida? Somos anécdotas a las que les acabamos dando valor, al fin y al cabo, ¿no? Como anécdota podría quedar mi viaje a Sarajevo del año pasado si no fuera por todo lo que me acabó significando, si no fuera por la de imágenes que aún tengo y que no paran de venirme a la cabeza. En la misma ciudad podríamos contar como anécdota las veces que Vedran Smajilović, conocido c...