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Mostrando las entradas etiquetadas como libros

Croacia XXIII: Los días soleados y el equipaje

Zagreb se descubre ahora como una ciudad soleada. El invierno ha sido bastante suave, dicen sus habitantes. Sólo ha nevado un par de veces y no ha durado demasiado el manto blanco; apenas ha dado tiempo a que se ennegreciera con el paso de las ruedas y los humos y las tristezas propias del invierno. Mis últimos días aquí los estoy pasando en los parques, sentado en alguno de los miles de bancos que existen en estas calles y que hasta ahora me habían pasado desapercibidos. Es curiosa la perspectiva que da la luz del sol de las calles: hacen del espacio otro distinto, aunque el lugar sea el mismo. Nos relacionamos con las avenidas de otro modo, pasamos más tiempo donde antes apenas parábamos. No volvía al Maksimir desde octubre, ni siquiera había pisado el Jarun, desconocía plazas amplias y soleadas que se abren bajo la luz del día como extensos campos en mitad del asfalto… No imaginaba la ciudad en primavera y tengo la sensación de que la echaré de menos por abandonarla antes de tiemp...

Maletas, libros y viajes

Lo que peor llevo de hacer maletas para estancias largas es elegir los libros. Uno sabe qué le apetece leer ahora, pero no qué le apetecerá leer cuando llegue el invierno y las noches sean largas y el frío esté tras las paredes de la casa. Es imposible decidir. Cuando viajo a Alemania no tengo demasiados problemas, me llevo lo que me apetece en ese momento y allí ya compraré lo que sea; pero ahora, en Croacia, la cosa cambia. Donde la cosa es, concretamente, el idioma. Hay quien lee con premeditación: tiene un listado de libros que quiere haber leído hasta final de año y eso hace. Yo, en cambio, me lo planteo así y, en lugar de una lista, lo que tengo es una pila. Se supone que cuando termine el que tengo entre manos en cada momento, lo único que tendré que hacer es colocarlo en su sitio en la estantería y empezar el que está arriba del todo del montón, pero ese montón va cambiando de orden y de lugar y, por supuesto, una vez transgredida la ley de la permanencia, ya da igual, no t...

Cuarentena XIV: algunas librerías de mi vida

Las librerías son esos espacios mágicos en los que uno encuentra miles de mundos por descubrir. Soy lector y soy consumidor de libros. Lo primero, por pasión, lo segundo, por convicción, y viceversa. En cada ciudad en la que habito me busco una librería en la que desembolsar cantidades de dinero que no tengo para comprar libros que, en muchos casos, aún esperan desde hace años a ser leídos.  Compro libros porque me gustan, sí, porque, como diría Krahe, me tranquilizan , pero no sólo. La intención es leerlos, lógicamente, pero también compro libros como acto político. Procuro no comprar en grandes librerías, sino más bien en librerías pequeñas e independientes en las que uno se siente realmente en casa.  Durante unos años, especialmente en Salamanca, esa ciudad repleta (al menos entonces) de librerías, me era prácticamente imposible entrar en una sin acabar llevándome algún libro. Los había estudiado casi todos, estaban ahí, presentes, sin necesidad de pedirlos, no es ...

Varias veces Berlín

La primera vez que vine a Berlín, me enamoré de la ciudad y no sólo. Entonces empezaba a sonar Electroviral y mi vida giró varias veces sobre sí misma. Las calles se llenaron de un sol enternecedor y duro a un tiempo. Conocí, por primera vez, lo que significaba vivir una ciudad llena de culturas, de historia, de ritmo, una ciudad en movimiento. Me pudieron las ganas de estar aquí. Entonces me dije que volvería a vivirla, que vendría a estar en ella varios meses, tal vez años. Era la ciudad en la que quería habitar, porque de algún modo sentía ya que la ciudad se había quedado conmigo. Diría que aún lo siento. Es la ciudad a la que volví cuando necesitaba pasear, cuando necesitaba airearme. Sin embargo, ahora que vuelvo a recorrer sus calles, casi diez años después, sé que los espacios son los mismos, pero el significado es otro bien distinto. Recuerdo una librería en Oranienburgerstraße donde compré, a un escaso kilómetro de la Brecht-Haus, un libro de poemas de amor del poeta de Au...

Libros viejos y cientos de historias

Quienes conozcan Alemania con algo de profundidad, sabrán que en sus calles abundan los libros, que las librerías de viejo aparecen en cualquier esquina y que, en ellas, perderse es bastante sencillo. Recuerdo la primera librería así que vi en este país. En Heidelberg, en la segunda mitad de la Hauptstraße en dirección a la plaza de la Heiliggeistkirche, en el lado izquierdo, la librería anticuaria Hatry era un lugar casi mágico. A decir verdad, no sé si los recuerdos que tengo se corresponden con los de esa primera vez o con los de las siguientes. En repetidas ocasiones he vuelto a ese mismo lugar en busca de esas mismas sensaciones, a contemplar esas estanterías cargadas de libros que se encuentran en algún lugar de alguna de las listas de libros por leer o leídos que he ido acumulando a lo largo de los años y que no paran de aumentar. Cinco plantas completamente llenas de libros usados, escritos, anotados, con sus propias historias. En ese lugar, de algún modo, comprendí que los li...

El pasado y los libros

Cuando vuelvo a casa tengo ciertos remordimientos. Luego, tras un momento de pausa, pienso cuál es la posible razón de que los tenga y tengo remordimientos por tenerlos. Más tarde se me acaban pasando y suelo dejarme llevar por la intuición, por los gustos y las ganas. Al final, como casi siempre que me sucede algo así, acabo cogiendo papel y boli y me pongo a escribir, porque escribir es lo único que calma el pensamiento y la vida, lo ordena todo, le da sentido, aunque no tenga orden, aunque la razón no esté de nuestra parte, pero lo está la intuición. Digo cuando vuelvo a casa porque es donde tengo amontonados los libros que he comprado y no he leído y, sobre todo, los que me han ido regalando. Imagino que nos pasa a todos, que no hay nadie que no tenga en casa algún libro que nos haya regalado algún amigo que ya no es amigo, algún examor que no es tan ex ni tan amor. En mi caso, incluso, hay libros que compré para regalar y, por cuestiones que no vienen al caso, no llegué nunca ...