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Mostrando las entradas etiquetadas como cuarentena

Croacia III: estampa de un primer paseo

Sólo un día he recorrido las calles de Zagreb como me gusta hacerlo en las ciudades en las que termino viviendo: sin rumbo fijo, sin prisa, sin tiempo límite. Antes del virus, cuando llegaba a cualquier ciudad, paseaba hasta aburrirme y me sentaba en una cafetería, tomaba notas o trabajaba un poco. Luego continuaba hasta que llegara la hora de comer y me sentaba en el primer sitio que me apeteciera para volver poco después a emprender la ruta entre calles y edificios desconocidos, completando un nuevo imaginario de calles, casas, señales…   Llevo, sin embargo, algo más de una semana encerrado en casa, en cuarentena preventiva – retroactiva y responsable – por contacto directo con diagnosticados de covid. Ya falta menos para salir a la calle, pero aún no es el momento. Sin síntomas ni prueba, la soledad de la habitación se hace, a veces, un poco desesperante. Pero se sobrevive, ya sabemos. Yo lo estoy haciendo a base de tés e infusiones: té de hierbas y mate, manzanilla, hierbas d...

Cuarentena XIX: Nuevos planes y fin

Leía esta mañana el poema de Izet Sarajlić que lleva por título "Cambio de dirección" y pienso que sí, que hay cambios de dirección menos afortunados que otros, aunque también son más certeros y, seguramente, permanentes. Veintiocho direcciones dice Sarajlić en el poema que ha tenido Alfonso Gatto. Yo cuento las mías, sólo en las que alguna vez he recibido algún envío de alguien: trece. No sé si es mucho o es poco, sólo sé que se me hace extraño imaginar dejar de cambiar. Y, sin embargo, de alguna manera empiezo a sentir que es necesario. No será ahora tampoco.  A veces un único gesto, una única palabra, pueden cambiar el rumbo de la vida. Otras veces es una única cerveza, una única copa que tomas de más y te obliga a dormir la resaca, llegar tarde y encontrarte con alguien que cambia tu vida. A veces es simplemente un libro, asistes a su presentación y conoces al autor, o a alguien entre el público que te propone a saber qué proyecto artístico o vital. A veces incluso l...

Cuarentena XVIII: el verano, los ríos, Sevilla y yo

Mayo ha pasado sin pena ni gloria y la nueva normalidad está a punto de llegar, dicen. Ya es junio y está aquí ese calor eterno de las tardes de verano. Casi se pueden escuchar las chicharras con su ruido triste y solitario. Parece que ya los campos se han teñido de amarillo y ni siquiera los he visto, pero lo siento.  Del calor sólo me gustan los cuerpos, la impúdica desnudez que viene con él, la naturalidad con la que se asumen un torso o unas piernas, con la que se asumen, las figuras. El verano pasado fue de playas nudistas y silencio en calas pedregosas, semiocultas, como si lo que sucediera allí fuese algo prohibido. Fue un verano de sol como hacía mucho que no vivía: mis veranos suelen ser de sombra. En el interior, lejos de la costa, el verano obliga a la calma y las noches sirven para la vida, así que el día pasa en la oscuridad de una casa con las persianas bajadas. Todo duerme durante el día para recobrar el tiempo durante la noche. Es obligatorio huir del sol si se...

Cuarentena XVII: cine en cuarentena

A pesar de que ya se puede salir a la calle con cierta normalidad, acercarse a los bares y hacer como que la vida empieza a retomar su ritmo, yo sigo prefiriendo estar en casa. Imagino que me he acostumbrado a este espacio propio, al ritmo calmado de las noches de cine en el salón. He visto todo tipo de películas estos días, documentales sobre la Alemania nazi ( A German life ), adaptaciones cinematográficas ( Die Marquise von O. ,  Cirkus Columbia ), clásicos que llevaba años tratando de ver y al final no ( La naranja mecánica , El gran dictador , El séptimo sello ), películas duras de digerir ( Irreversible ), otras que de algún modo están relacionadas con la tesis ( Al nacer el día , Línea no regular )... En fin, me he reconciliado de algún modo con el cine, que llevaba tiempo buscando no ya el momento, sino la situación ideal para ello, porque no es lo mismo ver una película que ver se película, no es lo mismo coger el ordenador y dejar que se reproduzca algo que seguir cierto...

Cuarentena XVI: polvo en los escaparates

He montado un refugio en casa desde que estoy solo. Abro las puertas del balcón y dejo entrar el aire de la noche en el salón.  La magia del refugio se rompe sólo un rato en la noche. Escucho el ruido del vehículo aspirador, delante del que dos operarios, casi siempre operarias, escupen agua a presión con unas mangueras finas como bichas. Me pregunto cuántos litros de agua gastarán en limpiar el centro de Sevilla. Sólo el centro, eso sí. Poco después se escucha llegar el camión de la basura, que apaga con su estruendo la música que ambienta mi silencio. Observo cómo ondean lentamente las cortinas, cómo se mecen ligeras ante la poca brisa. ¿Se mecen ante ella o frente a ella?  En la calle, durante el día, ha vuelto un poco de ajetreo, motos que van y vienen trayendo paquetes de a saber qué cosas, bares que empiezan a prepararse para reabrir, la vida que vuelve a fluir. Pero por la noche sólo estamos los trabajadores de la limpieza y yo. Desde aquí no se ven luces en ni...

Cuarentena XV: una foto de Bremen

Hace un rato I. me ha enviado una imagen que me ha llevado hasta una esquina muy concreta de Bremen. Debe de haber salido a pasear en cuarentena y supongo que se ha acordado de mí. Este año se cumplirán cuatro años desde que no vivo allí y, sin embargo, creo que esa ciudad y la gente que conocí en ella aún juegan un papel muy importante en lo que soy. En esa ciudad me enfrenté por primera vez a la soledad más absoluta, ahí estuve días enteros sin relacionarme con nadie, semanas en las que sólo veía a los alumnos y llegaba al zulito en soledad. Fue un tiempo muy introspectivo. Era también la primera vez que me enfrentaba al mundo laboral real , a una clase con niños alemanes, a las notas, a los exámenes, a las reuniones de padres... Bremen fue como el paso a la edad adulta.  Al final del día, especialmente los jueves, que terminaban con la clase de cocina en español a las cinco de la tarde, tomaba el tren que me devolvía a Bremen desde Delmenhorst. Allí tomaba el tranvía para b...

Cuarentena XIV: algunas librerías de mi vida

Las librerías son esos espacios mágicos en los que uno encuentra miles de mundos por descubrir. Soy lector y soy consumidor de libros. Lo primero, por pasión, lo segundo, por convicción, y viceversa. En cada ciudad en la que habito me busco una librería en la que desembolsar cantidades de dinero que no tengo para comprar libros que, en muchos casos, aún esperan desde hace años a ser leídos.  Compro libros porque me gustan, sí, porque, como diría Krahe, me tranquilizan , pero no sólo. La intención es leerlos, lógicamente, pero también compro libros como acto político. Procuro no comprar en grandes librerías, sino más bien en librerías pequeñas e independientes en las que uno se siente realmente en casa.  Durante unos años, especialmente en Salamanca, esa ciudad repleta (al menos entonces) de librerías, me era prácticamente imposible entrar en una sin acabar llevándome algún libro. Los había estudiado casi todos, estaban ahí, presentes, sin necesidad de pedirlos, no es ...

Cuarentena XIII: dos citas, Sarejevo y muchas anécdotas

Hace unos días leí en Manual de exilio , de Velibor Čolić, una frase que me persigue desde entonces: Yo no soy un hombre, soy una anécdota. Y supongo que, de un modo u otro, todos estamos hechos de anécdotas. Tal vez lo de Čolić sea una exageración, eso de ser una sola anécdota, pero imagino que no somos, realmente, más que una serie de incontables anécdotas, unas más inasumibles que otras.  En estos días podría ser una anécdota salir a aplaudir todos los días a las ocho de la noche. O convertirse en un mensaje alto y claro. ¿Qué diferencia una anécdota de algo que pasa a ser realmente válido para conformar la vida? Somos anécdotas a las que les acabamos dando valor, al fin y al cabo, ¿no? Como anécdota podría quedar mi viaje a Sarajevo del año pasado si no fuera por todo lo que me acabó significando, si no fuera por la de imágenes que aún tengo y que no paran de venirme a la cabeza. En la misma ciudad podríamos contar como anécdota las veces que Vedran Smajilović, conocido c...

Coronavirus XII: la calle y los vecinos

Desde hace unos días soy el único habitante de esta casa. Es extraño estar en un piso tan grande y tan vacío en el centro de Sevilla. Ni siquiera tengo la sensación de estar en Sevilla estos días, con este silencio y esta lluvia. A lo largo de la mañana y, sobre todo, de la tarde, me siento junto al balconcino que hay en el salón y saco los pies descalzos al sol. Me siento ahí a leer y a dejar pasar el tiempo. El confinamiento me está sirviendo, supongo, sobre todo para ordenar mi vida conmigo mismo. Si soy sincero, mi día a día no ha cambiado sustancialmente. Es verdad que echo de menos pasear, pero igualmente me paso las horas delante de los libros y del ordenador, auque antes lo hacía en el despacho.  Cuando dan las ocho y escucho que los vecinos se asoman a aplaudir, lo único que tengo que hacer es levantar el culo del sillón y ya estoy ahí con los pocos vecinos que somos en esta calle estrecha. Realmente no he entablado conversaciones extensas con ninguno de ellos, solame...

Cuarentena X: Aute y otras ausencias presentes

Llevaba mucho tiempo sin escuchar a Aute con atención y, de repente, estas semanas, volví a él.  Auterretrato me ha estado acompañando mañanas y, sobre todo, tardes, en la hora de la siesta que no siempre echo, como si de una premonición se tratara . Me sorprendió la muerte del autor con su música algo más fresca en la memoria, y sipongo que haber vuelto a él tiene que ver con este confinamiento que me está llevando de nuevo al interior, a la música, a la literatura y al cine.  No negaré que no estoy aprovechando el tiempo todo lo que pensaba que lo podría aprovechar, sí, que la tesis no está avanzando al ritmo que parecía que podría avanzar en estos días, pero bueno, van dos libros completos, decenas de discos, al menos una veintena de películas, un podcast  y medio relato escrito. Parte de culpa la tiene otra gente, sí, que me ha propuesto participar en lecturas, escrituras y presentaciones, que me tiene más activo de lo que he estado en los últimos tiempos.  ...

Cuarentena VIII: algunos pisos, Cohen y una lámpara

Desde hace años escribo con algo de música que me ayude a crear el ambiente que se reproduce en mi cabeza. A lo largo del día esa música cambia, pero cuando llega la noche, casi siempre acaba siendo Leonard Cohen el que ocupa el hueco sonoro en estos textos. Seguramente desde el año de la calle Prado, ese año que pasé entre libros y más tiempo fuera de clase que dentro, Cohen me haya acompañado en mis noches de escritura. También lo hizo con frecuencia cuando vivía en Bremen, en ese sótano con ventana a un patio desgastado por la lluvia y el frío, en el que las plantas crecían selváticas y embarradas, con tiestos vacíos y mohosos.  Estos días he pensado mucho en esa casa, en aquella habitación, en aquel hornillo eléctrico bajo la escalera que calentó la comida que me alimentó malamente durante dos cursos completos. Más que una casa era un refugio, aunque ni siquiera sé de qué me refugiaba. Bajando las escaleras que daban al sótano desde el exterior, a pocos pasos de la puerta,...

Cuarentena VII: El vacío y la (a)normalidad

La semana pasada tuve que ir a la Facultad para poder continuar con las clases telemáticas - recoger libros y material era, visto que el confinamiento se alarga, imprescindible -, así que tuve que aventurarme a una calle conocida y completamente ajena. Sobrecoge Sevilla tan vacía, con esa cierta aura majestuosa de la Avenida de la Constitución, con la catedral a un lado, imponente, y el Archivo de Indias - cerrado estos días -, solitaria isla americana en esta ciudad portuaria y sin mar, que se contempla a sí misma orgullosa y a veces altiva. Sobrecoge verla en silencio una mañana de diario, con poquísimos transeúntes en sus calles, atestadas de turistas en un día normal. Pero no es un día normal y Sevilla está vacía, silenciosa, como un pueblo que duerme sin habitantes de esa España vaciada.  Normalmente el bullicio de estas calles impide oír nada más allá de las voces de niños, músicos callejeros, las gitanas que "regalan" romero o los que ofrecen sus productos para...

Cuarentena VI: el coronavirus y la humanidad

El mundo está paralizado por esta extraña circunstancia en la que un pequeño virus nos acosa a todos. Sabemos que no es extremadamente letal y, sin embargo, nos vemos recluidos todos en casa para salvarnos unos a otros, para crear comunidad, algo que hasta hace muy poco parecíamos haber perdido.  El sistema económico y productivo actual nos obliga a tratar de ser mejores que otros, a obtener siempre mejores resultados, a rendir más, a ser más eficaces, a ser más eficientes, y eso es completamente contrario a la idea de comunidad. Pero la comunidad es la que nos ha traído hasta aquí. Recuerdo a veces esa historia que cuenta que la primera muestra de humanidad es un hueso de una pierna, un fémur, creo, recuperado, la historia que cuenta que, en algún momento, la raza homínida que habitaba el planeta antes de nosotros, alguno de sus miembros, decidió no dejar atrás a alguien que no podía valerse por sí mismo. Si nos paramos a pensarlo con más calma, sabemos de animales que hacen ...

Cuarentena V: paseos, Salamanca y Sevilla

El otro día subí a la azotea, una sola vez desde que empezó este encierro. Al principio, he de confesarlo, lo pasé mal encerrado en casa, no por el hecho de no salir, sino por la idea de no poder salir. En los últimos tiempos he recorrido mucho a pie las calles de Sevilla, he buscado caminos para evitar las zonas más turísticas para desplazarme de una punta a otra del centro hispalense, y lo hacía para despejarme, para pensar, para encontrarme de nuevo.  Aunque no tengo una memoria demasiado fina, me voy fijando en los nombres de las calles y me dejo llevar de unas a otras, busco similitudes con distintas calles de mi vida, con otras historias, voy tejiendo conexiones entre ellas, algunas reales, otras ficticias, otras, simplemente, mal recordadas - pero cómo se recuerda algo mal -. Hace no demasiado caí en la cuenta de que, junto a la Plaza de San Román, frente a la iglesia robusta, hay una calle nada agraciada, muy estrecha en algún tramo, en los que las aceras prácticamente...

Cuarentena IV: este blog, la vida y las vergüenzas

Esto no es un diario, eso está claro. Ha pasado más de una semana desde que comenzó la cuarentena, de hecho, aún más desde que la empezamos voluntariamente las tres personas que ahora mismo la habitamos y no he escrito cada día, ni pienso hacerlo. No es que haya mucho que contar en este tiempo y, sin embargo, suceden bastantes cosas de alguna forma un tanto distinta a como suceden normalmente.  Al principio pensaba que estaría solo en esta casa, que me tocaría superar toda la cuarentena encerrado en soledad en estas paredes de gotelé desgastado del centro de Sevilla, pero no, al final somos tres en este piso. Bien es cierto que la diferencia entre estar solo y no prácticamente se nota sólo por la noche, cuando nos juntamos S., JL. y yo para ver alguna película proyectada sobre la pared rugosa del salón. En dos puntos concretos de la proyección hay dos alcayatas que no interfieren en la película pero que, cuando uno es consciente de que están ahí, no puede parar de mirar. Tal...

Cuarentena III: El ritmo lento

La cuarentena es extraña. De repente hablas con gente a la que llevabas años sin ver, quedas con ellos a través de cualquier red social, incluso conoces a las nuevas parejas de amigos que estaban esperando que te desplazaras cientos de kilómetros para presentártelos. Por otro lado, este encierro te priva del contacto directo con la gente que tenías cerca, con la que comías a diario, con la que se alargaban los cafés algo más de la cuenta. Es extraño pasar del contacto diario a la nada. La cuarentena iguala vidas del pasado y del presente.  También interrumpe. Interrumpe finales, hay quienes estaban a punto de separarse y ahora se ven obligados a convivir, como si estoy fuera una pausa en su vida, como si no contara para el antes y quién sabe si contará para el después. También interrumpe principios, aquella gente que se estaba encontrando y de repente están encerradas en casas distintas, en lugares distintos, que no podrá verse ni quererse. El trabajo también queda interrumpid...

Cuarentena II: Apenas leo poesía

No soy un gran lector de poesía. De hecho, diría que soy un pésimo lector de poesía. A veces porque no la entiendo, otras porque no me llena y otras porque, al final, termino leyendo un poema y cerrando el libro, como si fuera una entidad completa, como si no le siguiera nada más.  En algunos momentos de mi vida he tratado de hacerme a ella, de entrar en la poesía, como quien entra en el mar y se impregna poco a poco, con cierto respeto, pero con la seguridad de que aún pisa tierra; y en esos momentos he comprado decenas de libros de poesía, algunos por mera inercia, qué sé yo, José Hierro, Jaime Gil de Biedma, Machado... otros por necesidades del curriculum de las asignaturas optativas y otros, en fin, por curiosidad, por lecturas que iba haciendo y me termiban arrastrando hacia ciertos autores (y sí, casi siempre autres hombres, esa desdicha).  Así, entre las estanterías de mi casa en Zafra aparecen bastantes más poemarios de los que he sido capaz de leer. Algunos l...

Cuarentena I: Poesía recurrente

No sé exactamente en qué momento de mi vida me topé con un poema de Nazim Hikmet. Creo que estaba en Bremen, en aquel zulo en el que, en estos momentos de encierro, me alegro de no vivir. En realidad, supongo que siempre me alegraré de no volver a vivir en un sitio así, aunque ahora más. El caso es que ese poema me removió por dentro de algún modo.  Escrito por un revolucionario otomano de la primera mitad del siglo XX, el poema representaba con una sencillez que no había visto nunca el dolor proletario, o partisano, un dolor por aquellos que están llevando vidas completamente distintas y que, sin embargo, sentimos como propias. De algún modo  indescifrable me emocionó y busqué poemarios de Hikmet durante algún tiempo en librerías españolas sin éxito alguno.  Prácticamente me había olvidado de Nazim Hikmet y de su poema hasta que, hace unas semanas, volví a un bar en Sevilla que tiene, colgada de la pared del baño, otro poema suyo. De repente, mi cabeza conectó ...