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Mostrando las entradas etiquetadas como Calle Carlos Cañal

Cuarentena XVIII: el verano, los ríos, Sevilla y yo

Mayo ha pasado sin pena ni gloria y la nueva normalidad está a punto de llegar, dicen. Ya es junio y está aquí ese calor eterno de las tardes de verano. Casi se pueden escuchar las chicharras con su ruido triste y solitario. Parece que ya los campos se han teñido de amarillo y ni siquiera los he visto, pero lo siento.  Del calor sólo me gustan los cuerpos, la impúdica desnudez que viene con él, la naturalidad con la que se asumen un torso o unas piernas, con la que se asumen, las figuras. El verano pasado fue de playas nudistas y silencio en calas pedregosas, semiocultas, como si lo que sucediera allí fuese algo prohibido. Fue un verano de sol como hacía mucho que no vivía: mis veranos suelen ser de sombra. En el interior, lejos de la costa, el verano obliga a la calma y las noches sirven para la vida, así que el día pasa en la oscuridad de una casa con las persianas bajadas. Todo duerme durante el día para recobrar el tiempo durante la noche. Es obligatorio huir del sol si se...

Cuarentena XVII: cine en cuarentena

A pesar de que ya se puede salir a la calle con cierta normalidad, acercarse a los bares y hacer como que la vida empieza a retomar su ritmo, yo sigo prefiriendo estar en casa. Imagino que me he acostumbrado a este espacio propio, al ritmo calmado de las noches de cine en el salón. He visto todo tipo de películas estos días, documentales sobre la Alemania nazi ( A German life ), adaptaciones cinematográficas ( Die Marquise von O. ,  Cirkus Columbia ), clásicos que llevaba años tratando de ver y al final no ( La naranja mecánica , El gran dictador , El séptimo sello ), películas duras de digerir ( Irreversible ), otras que de algún modo están relacionadas con la tesis ( Al nacer el día , Línea no regular )... En fin, me he reconciliado de algún modo con el cine, que llevaba tiempo buscando no ya el momento, sino la situación ideal para ello, porque no es lo mismo ver una película que ver se película, no es lo mismo coger el ordenador y dejar que se reproduzca algo que seguir cierto...

Cuarentena XVI: polvo en los escaparates

He montado un refugio en casa desde que estoy solo. Abro las puertas del balcón y dejo entrar el aire de la noche en el salón.  La magia del refugio se rompe sólo un rato en la noche. Escucho el ruido del vehículo aspirador, delante del que dos operarios, casi siempre operarias, escupen agua a presión con unas mangueras finas como bichas. Me pregunto cuántos litros de agua gastarán en limpiar el centro de Sevilla. Sólo el centro, eso sí. Poco después se escucha llegar el camión de la basura, que apaga con su estruendo la música que ambienta mi silencio. Observo cómo ondean lentamente las cortinas, cómo se mecen ligeras ante la poca brisa. ¿Se mecen ante ella o frente a ella?  En la calle, durante el día, ha vuelto un poco de ajetreo, motos que van y vienen trayendo paquetes de a saber qué cosas, bares que empiezan a prepararse para reabrir, la vida que vuelve a fluir. Pero por la noche sólo estamos los trabajadores de la limpieza y yo. Desde aquí no se ven luces en ni...

Coronavirus XII: la calle y los vecinos

Desde hace unos días soy el único habitante de esta casa. Es extraño estar en un piso tan grande y tan vacío en el centro de Sevilla. Ni siquiera tengo la sensación de estar en Sevilla estos días, con este silencio y esta lluvia. A lo largo de la mañana y, sobre todo, de la tarde, me siento junto al balconcino que hay en el salón y saco los pies descalzos al sol. Me siento ahí a leer y a dejar pasar el tiempo. El confinamiento me está sirviendo, supongo, sobre todo para ordenar mi vida conmigo mismo. Si soy sincero, mi día a día no ha cambiado sustancialmente. Es verdad que echo de menos pasear, pero igualmente me paso las horas delante de los libros y del ordenador, auque antes lo hacía en el despacho.  Cuando dan las ocho y escucho que los vecinos se asoman a aplaudir, lo único que tengo que hacer es levantar el culo del sillón y ya estoy ahí con los pocos vecinos que somos en esta calle estrecha. Realmente no he entablado conversaciones extensas con ninguno de ellos, solame...

Cuarentena XI: la Semana Santa y los recuerdos

En ningún caso podría haberme imaginado pasar una Semana Santa en Sevilla, y menos en estas condiciones. No es sólo que yo no haya salido, sino que el silencio era la norma general. Algunos ratos se han oído marchas de procesión y, no sé si es cosa mía, he escuchado con más frecuencia que antes las campanas de todas las iglesias. De hecho, antes no era consciente de que por las noches se escucharan con tanta claridad las horas exactas con ese sonido metálico que recuerda a épocas en las que el mundo y el tiempo se medían más bien por el sol y las comidas.  Ha sido Semana Santa y ni siquiera lo hemos visto. Yo tengo algunos recuerdos de mi infancia en la Semana Santa, algunos de esa época en la que aún era creyente, en los que aún confiaba en algún dios bondadoso y misericordioso, pero supongo que de algún modo también vengativo, si no, ¿por qué nos vigilaba y nos pedía hacer esto o lo otro según lo que él quería y creía como bueno? Ese dios, cualquiera de los posibles, desapare...

Cuarentena X: Aute y otras ausencias presentes

Llevaba mucho tiempo sin escuchar a Aute con atención y, de repente, estas semanas, volví a él.  Auterretrato me ha estado acompañando mañanas y, sobre todo, tardes, en la hora de la siesta que no siempre echo, como si de una premonición se tratara . Me sorprendió la muerte del autor con su música algo más fresca en la memoria, y sipongo que haber vuelto a él tiene que ver con este confinamiento que me está llevando de nuevo al interior, a la música, a la literatura y al cine.  No negaré que no estoy aprovechando el tiempo todo lo que pensaba que lo podría aprovechar, sí, que la tesis no está avanzando al ritmo que parecía que podría avanzar en estos días, pero bueno, van dos libros completos, decenas de discos, al menos una veintena de películas, un podcast  y medio relato escrito. Parte de culpa la tiene otra gente, sí, que me ha propuesto participar en lecturas, escrituras y presentaciones, que me tiene más activo de lo que he estado en los últimos tiempos.  ...

Cuarentena VIII: algunos pisos, Cohen y una lámpara

Desde hace años escribo con algo de música que me ayude a crear el ambiente que se reproduce en mi cabeza. A lo largo del día esa música cambia, pero cuando llega la noche, casi siempre acaba siendo Leonard Cohen el que ocupa el hueco sonoro en estos textos. Seguramente desde el año de la calle Prado, ese año que pasé entre libros y más tiempo fuera de clase que dentro, Cohen me haya acompañado en mis noches de escritura. También lo hizo con frecuencia cuando vivía en Bremen, en ese sótano con ventana a un patio desgastado por la lluvia y el frío, en el que las plantas crecían selváticas y embarradas, con tiestos vacíos y mohosos.  Estos días he pensado mucho en esa casa, en aquella habitación, en aquel hornillo eléctrico bajo la escalera que calentó la comida que me alimentó malamente durante dos cursos completos. Más que una casa era un refugio, aunque ni siquiera sé de qué me refugiaba. Bajando las escaleras que daban al sótano desde el exterior, a pocos pasos de la puerta,...

Cuarentena VII: El vacío y la (a)normalidad

La semana pasada tuve que ir a la Facultad para poder continuar con las clases telemáticas - recoger libros y material era, visto que el confinamiento se alarga, imprescindible -, así que tuve que aventurarme a una calle conocida y completamente ajena. Sobrecoge Sevilla tan vacía, con esa cierta aura majestuosa de la Avenida de la Constitución, con la catedral a un lado, imponente, y el Archivo de Indias - cerrado estos días -, solitaria isla americana en esta ciudad portuaria y sin mar, que se contempla a sí misma orgullosa y a veces altiva. Sobrecoge verla en silencio una mañana de diario, con poquísimos transeúntes en sus calles, atestadas de turistas en un día normal. Pero no es un día normal y Sevilla está vacía, silenciosa, como un pueblo que duerme sin habitantes de esa España vaciada.  Normalmente el bullicio de estas calles impide oír nada más allá de las voces de niños, músicos callejeros, las gitanas que "regalan" romero o los que ofrecen sus productos para...

Cuarentena VI: el coronavirus y la humanidad

El mundo está paralizado por esta extraña circunstancia en la que un pequeño virus nos acosa a todos. Sabemos que no es extremadamente letal y, sin embargo, nos vemos recluidos todos en casa para salvarnos unos a otros, para crear comunidad, algo que hasta hace muy poco parecíamos haber perdido.  El sistema económico y productivo actual nos obliga a tratar de ser mejores que otros, a obtener siempre mejores resultados, a rendir más, a ser más eficaces, a ser más eficientes, y eso es completamente contrario a la idea de comunidad. Pero la comunidad es la que nos ha traído hasta aquí. Recuerdo a veces esa historia que cuenta que la primera muestra de humanidad es un hueso de una pierna, un fémur, creo, recuperado, la historia que cuenta que, en algún momento, la raza homínida que habitaba el planeta antes de nosotros, alguno de sus miembros, decidió no dejar atrás a alguien que no podía valerse por sí mismo. Si nos paramos a pensarlo con más calma, sabemos de animales que hacen ...

Cuarentena V: paseos, Salamanca y Sevilla

El otro día subí a la azotea, una sola vez desde que empezó este encierro. Al principio, he de confesarlo, lo pasé mal encerrado en casa, no por el hecho de no salir, sino por la idea de no poder salir. En los últimos tiempos he recorrido mucho a pie las calles de Sevilla, he buscado caminos para evitar las zonas más turísticas para desplazarme de una punta a otra del centro hispalense, y lo hacía para despejarme, para pensar, para encontrarme de nuevo.  Aunque no tengo una memoria demasiado fina, me voy fijando en los nombres de las calles y me dejo llevar de unas a otras, busco similitudes con distintas calles de mi vida, con otras historias, voy tejiendo conexiones entre ellas, algunas reales, otras ficticias, otras, simplemente, mal recordadas - pero cómo se recuerda algo mal -. Hace no demasiado caí en la cuenta de que, junto a la Plaza de San Román, frente a la iglesia robusta, hay una calle nada agraciada, muy estrecha en algún tramo, en los que las aceras prácticamente...

Cuarentena IV: este blog, la vida y las vergüenzas

Esto no es un diario, eso está claro. Ha pasado más de una semana desde que comenzó la cuarentena, de hecho, aún más desde que la empezamos voluntariamente las tres personas que ahora mismo la habitamos y no he escrito cada día, ni pienso hacerlo. No es que haya mucho que contar en este tiempo y, sin embargo, suceden bastantes cosas de alguna forma un tanto distinta a como suceden normalmente.  Al principio pensaba que estaría solo en esta casa, que me tocaría superar toda la cuarentena encerrado en soledad en estas paredes de gotelé desgastado del centro de Sevilla, pero no, al final somos tres en este piso. Bien es cierto que la diferencia entre estar solo y no prácticamente se nota sólo por la noche, cuando nos juntamos S., JL. y yo para ver alguna película proyectada sobre la pared rugosa del salón. En dos puntos concretos de la proyección hay dos alcayatas que no interfieren en la película pero que, cuando uno es consciente de que están ahí, no puede parar de mirar. Tal...

Cuarentena III: El ritmo lento

La cuarentena es extraña. De repente hablas con gente a la que llevabas años sin ver, quedas con ellos a través de cualquier red social, incluso conoces a las nuevas parejas de amigos que estaban esperando que te desplazaras cientos de kilómetros para presentártelos. Por otro lado, este encierro te priva del contacto directo con la gente que tenías cerca, con la que comías a diario, con la que se alargaban los cafés algo más de la cuenta. Es extraño pasar del contacto diario a la nada. La cuarentena iguala vidas del pasado y del presente.  También interrumpe. Interrumpe finales, hay quienes estaban a punto de separarse y ahora se ven obligados a convivir, como si estoy fuera una pausa en su vida, como si no contara para el antes y quién sabe si contará para el después. También interrumpe principios, aquella gente que se estaba encontrando y de repente están encerradas en casas distintas, en lugares distintos, que no podrá verse ni quererse. El trabajo también queda interrumpid...