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Mostrando las entradas etiquetadas como nocturno

Cuarentena XVII: cine en cuarentena

A pesar de que ya se puede salir a la calle con cierta normalidad, acercarse a los bares y hacer como que la vida empieza a retomar su ritmo, yo sigo prefiriendo estar en casa. Imagino que me he acostumbrado a este espacio propio, al ritmo calmado de las noches de cine en el salón. He visto todo tipo de películas estos días, documentales sobre la Alemania nazi ( A German life ), adaptaciones cinematográficas ( Die Marquise von O. ,  Cirkus Columbia ), clásicos que llevaba años tratando de ver y al final no ( La naranja mecánica , El gran dictador , El séptimo sello ), películas duras de digerir ( Irreversible ), otras que de algún modo están relacionadas con la tesis ( Al nacer el día , Línea no regular )... En fin, me he reconciliado de algún modo con el cine, que llevaba tiempo buscando no ya el momento, sino la situación ideal para ello, porque no es lo mismo ver una película que ver se película, no es lo mismo coger el ordenador y dejar que se reproduzca algo que seguir cierto...

Cuarentena X: Aute y otras ausencias presentes

Llevaba mucho tiempo sin escuchar a Aute con atención y, de repente, estas semanas, volví a él.  Auterretrato me ha estado acompañando mañanas y, sobre todo, tardes, en la hora de la siesta que no siempre echo, como si de una premonición se tratara . Me sorprendió la muerte del autor con su música algo más fresca en la memoria, y sipongo que haber vuelto a él tiene que ver con este confinamiento que me está llevando de nuevo al interior, a la música, a la literatura y al cine.  No negaré que no estoy aprovechando el tiempo todo lo que pensaba que lo podría aprovechar, sí, que la tesis no está avanzando al ritmo que parecía que podría avanzar en estos días, pero bueno, van dos libros completos, decenas de discos, al menos una veintena de películas, un podcast  y medio relato escrito. Parte de culpa la tiene otra gente, sí, que me ha propuesto participar en lecturas, escrituras y presentaciones, que me tiene más activo de lo que he estado en los últimos tiempos.  ...

Coronavirus IX: lechuza nocturna y otras bondades del alemán

Escribo casi siempre por las noches porque soy trasnochador, Nachteule , que se dice en alemán: de  Nacht , noche, y Eule , lechuza, o sea, lechuza de noche. No sé si hay algún otro tipo de lechuza, de hecho, porque el animal es simplemente Eule , pero así es.  El diccionario recoge la palabra como "irónica" ( ironisch ), "graciosa" ( scherzhaft ) y "coloquial" ( umgangsprachlich ), y se emplea, según parece, sólo para la gente que trabaja hasta avanzada la noche.  Eule también es, según el diccionario, y sólo en Norddeutsch , es decir, en "alemán del norte", un cepillo de cerdas suaves. La etimología apunta a que, especialmente en la zona noroccidental de Alemania, se refiere a un cepillo de esas características porque, se supone, es de aspecto similar a una lechuza. De ahí deriva también el verbo ulen en bajoalemán, que significa limpiar. Eventualmente (si exisitera, vaya), habría sido eulen  en alemán (altoalemán, si llamamos a las cosas ...

Una imagen y una carta

Creo encontrarte al final de cada vaso de whisky que tomo en solitario a deshoras en el pequeño espacio en el que vivo. En las horas que pierdo creo también encontrarte. No necesito buscarte para saber que andas en alguna parte, en cualquier gesto, sin ni siquiera salir de casa, en alguna esquina de la habitación, persiguiéndome. Luego, en la calle, en la gente, en una sonrisa o en una mirada, en un paso o un tropiezo, en el tranvía o en los parques. En cualquier parte puedes aparecer de repente. Sin que te busque, sin que pretenda que estés, más bien todo lo contrario, Pero no se puede pretender lo contrario de algo sin ser consciente de lo que se niega. Como no se puede negar a Dios sin ser consciente de que en algún universo posible, en alguna mente inconsciente, existe la posibilidad de que haya un dios, cualquiera, o al menos sin su concepto.  Si me cuesta escribir y me propongo hacerlo, apareces, como de la nada, sin que te llame, y una vez que estás ahí, entonces, ya no pued...

Sombras en Madrid

La noche cae sobre Lavapiés y el barrio no pierde su fuerza. Hace calor y en la calle, a la salida del teatro Valle-Inclán, un centenar de personas toma el aire como si el mundo estuviera paralizado. Debe de haber, en la misma plaza, al menos cuarenta nacionalidades diferentes, personas de toda raza y preferencia bajo las mismas luces. En las ventanas, la gente asomada para ver el espectáculo de la vida en comunión, con un aura de humildad y lógica. Al fondo de la plaza, en una esquina, una luz se enciende y unas cortinas se mueven un poco. Una sombra parece desvestirse y vestirse de nuevo, pero sólo eso, una sombra que se pone y se quita la ropa tras una cortina. La luz se apaga y pocos segundos después vuelve a encenderse. La misma sombra cruza la habitación, no sabemos si la misma persona. Unas pocas calles más arriba, entre las sábanas de algún cuarto desgastado, el mundo desaparecerá, y quedarán también otras sombras, mientras en la calle continuará el ruido de la gente en los ban...

Pequeño diario de un viajero

Volver a la habitación vacía y desordenada de un invierno frío y seco tras el viaje no reconforta. Deshacer la mochila en la que va sobre la espalda el tiempo desaparecido -y nunca perdido- es reconocer la victoria de la desidia, del cansancio y el pasado. La derrota propia en la lucha por la permanencia. El avión vuela ya desde el presente a un tiempo incierto: como era el venir, y ya dejó de serlo. No hay vuelta sin ida, pero siempre la ida tiene una vuelta. Siempre. Porque si se abandona, se huye, y la huida no es más un nuevo comienzo, una ruptura total. La nieve se acumula en los cristales, choca contra ellos y contra ella misma, sobre el suelo, sobre el hielo que inunda los lagos, que da permiso a patinadores para caminar, como Jesús, sobre las aguas. Esta nieve que recibe a los novatos en el país no es siquiera un enemigo de quien la encuentra día tras día al salir a la calle, desde la habitación cálida y acogedora en la que se suceden los sueños, de quien, con los pies desnudos...

Insomnios de noviembre.

Noviembre es ese mes de las despedidas en las esquinas mojadas, de los saludos en los portales, medio iluminados por dentro, a quienes pasan por la calle o a los que cierran el paraguas a la entrada de casa. Noviembre es el mes del té en las noches de insomnio, del frío en los cristales, del calor junto a la calefacción, de los braseros en casa, en aquella casa de siempre. Noviembre es, por tener que serlo, el mes de las lecturas imposibles, también el de las posibles, y el de los versos a escondidas, y el de los besos en todos los cuartos. Este noviembre es todos esos, y, además, éste.

Estas noches, estos días

"A través de vigilias y gramáticas", como escribiera Borges con palabras tan acertadas en un único verso.

Sobre el mirar

Ayer, en una afortunada salida nocturna por algunos bares salmantinos, descubrí, definitivamente, lo que intimidan, gritan, sostienen y valoran las miradas. Recibí, o vi recibir, según el caso, miradas que suplicaban perdón, implorantes, aletargadas y como absurdas en el ruido; otras silenciosas y faltas de atrevimiento, puras y tímidas a un tiempo, replanteándose el momento, buscando un hueco entre la realidad y la idealidad para fusionarlas ambas al menos un solo instante. No faltaban las de compasión, acompañadas de una sonrisa más o menos burlona, y respeto, quizá alguna de admiración, grande, dispuesta a escuchar... No sé en qué quedaron la mayoría de ellas, ya digo que no todas, de hecho casi ninguna, iba dirigida a mí. Lo que está claro es que se mira, que se ve, que una mirada vale más que mis palabras.

Sobre trenes y compañías

Desaparece el Talgo Extremadura. No es una noticia nueva, es de hace ya un mes, más o menos, pero escribo hoy sobre ella, con más calma, sin el cabreo que me cogí en su momento. Los nostálgicos como yo nos entristecemos con noticias como esta. El único tren serio que recorría las vías extremeñas entre Madrid y Badajoz, dice adiós. O mejor, lo dijo. La primera vez que tomé uno fue en julio del año pasado, en la estación de Atocha, con una suerte de emoción extraña: los asientos eran casi como sillones de casa, por lo amplios y por lo cómodos, la luz era la suficiente, la película regular, pero el silencio inmenso. La segunda vez me enamoré: la chica que iba sentada a mi lado me contó su historia, mientras yo miraba himnotizado la desnudez de sus piernas infinitas y la perfección de sus manos aparentemente suaves; tenía unos labios pintados de un rojo intenso que hacía más patente su justo volumen y que dejaban salir una voz suave, que nunca se elevaba, y que pronto me pareció hermosa. E...

La noche vendrá, vendrá

No se suceden las noches y los días como en un reloj se preceden las horas. No son así. Las noches alargan la agonía de una luna desvirtuada. Están para ser vividas de un modo muy distinto a los días, o a las horas, a los simples años. Una noche es ella y su contrario; el descanso y el desenfreno, la soledad y la pasión compartida -también la egoísta-, la compañía desconocida y la selecta... Suerte que las noches no terminan.