Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Baden-Württemberg

Té caliente y lago helado

La primera vez que vine aquí me sorprendió su vacío: calles llenas de tiendas casi tapiadas, puertas cerradas, mesas recogidas… Prácticamente todo estaba hibernando, esperando una fecha mejor, supongo, dando idea de lo que este sitio podría ser a lo largo del año, pero que no es cuando termina la época turística. Me parecía sorprendente que no hubiera casi nadie, ciertamente, que apenas nos cruzáramos con un par de personas en el rato que pasamos M. y yo aquí. En las colinas que rodean al lago reinaba un color grisáceo, un cielo monótono y oscuro y la nieve aún no había hecho su primera aparición de la temporada de invierno que acababa de estrenarse. Supuse que el pequeño pueblo junto al lago se llenaría de turistas en verano, que vendrían a bañarse y a relajarse aquí alemanes, franceses, suizos, italianos… Las heladerías daban una pista de ello, y las tiendas de recuerdos de la Selva Negra -licores, cervezas y carne incluidas, pero, sobre todo, carísimos relojes de cuco-, también. S...

Cuatro meses después

Hace algo más de cuatro meses que llegué a Freiburg im Breisgau (Friburgo de Brisgovia dicen que se dice) una de las ciudades más ecológicas de Europa y la que disfruta de más horas de sol al año en Alemania. Sorprendentemente, esta ciudad rodeada de árboles, bosque y nieve en estas fechas, ofrece a quienes la habitamos unas pocas de horas de sol cada pocos días. Nada que ver con Bremen, donde el sol no se dejaba ver en meses completos y el cielo estaba cubierto de un gris de silencio y vacío al que había que acostumbrarse con tiempo y paciencia. Ahora esta luz me parece casi artificial, impropia de este país y, en cierto modo, echo de menos las nubes oscuras y las noches largas de la pequeña ciudad hanseática. Siempre he sido, contrariamente a lo que se esperaría de alguien de mi latitud, bastante más nocturno: he preferido leer y trabajar de noche, escribir y vivir de noche, dormir largamente las mañanas, con la luz entrando entre las cortinas, escuchando la vida ahí afuera, mientra...

Vuelta después de Navidad. Parte II

Llegué, por fin, a Frankfurt y, por supuesto, como suele pasar en esos casos en los que tienes prisa, la puerta de embarque está a veinte minutos de las cintas, pero eso tiene una parte buena, que cuando llegas, ya están las maletas ahí dando vueltas. Aun así, falta lo otro que suele pasar en estos casos: la maleta que esperas sale de las últimas. Así que, como sé que probablemente ya no llegue al autobús porque falta media hora para que salga y la empresa te exige estar allí quince minutos antes de la salida o haber cancelado el billete para entonces, y como no sé ni dónde es ni cómo llegar, decido que, como máximo a menos cinco, cancelo el billete. Pues, efectivamente, cancelar, recibir el email de confirmación de que me devuelven 13€ de un billete de 18€ en forma de código de descuento y aparecer la maleta por la cinta. Más ajustado imposible. Me he cagado en todo, lógicamente. Hacía mucho tiempo que no estaba en este aeropuerto, la última vez, si no recuerdo mal, fue en el año 20...

Vuelta después de Navidad. Parte I

Hacía mucho tiempo que no viajaba tanto, que no pasaba tantas horas entre andenes y puertas de embarque. Volver a casa por Navidad siempre es, ante todo, viajar y compartir ruta con cientos de personas que, de un modo u otro, se convierten inesperadamente en compañeros, en cómplices. De vez en cuando una sonrisa, un gesto, una mueca, algo que nos indica que, sin conocer a otra persona de nada, está pensando lo mismo que nosotros. Las patadas en el asiento de los niños que, irremediablemente, siempre están sentados detrás de nosotros en el avión provocan un gesto acorde y paralelo en los viajeros, las prisas si hay algún retraso, en todos hace aparecer una indiscutible cara de angustia, así, en fin, conocemos sin conocer, compartimos íntimamente pensamientos por unos míseros segundos, pero comprendemos de algún modo que no estamos solos en esta travesía larga que a todos nos lleva de un punto a otro y pareciera que el viaje de nadie pudiera ser más extraño que el nuestro. El mío d...

Libros viejos y cientos de historias

Quienes conozcan Alemania con algo de profundidad, sabrán que en sus calles abundan los libros, que las librerías de viejo aparecen en cualquier esquina y que, en ellas, perderse es bastante sencillo. Recuerdo la primera librería así que vi en este país. En Heidelberg, en la segunda mitad de la Hauptstraße en dirección a la plaza de la Heiliggeistkirche, en el lado izquierdo, la librería anticuaria Hatry era un lugar casi mágico. A decir verdad, no sé si los recuerdos que tengo se corresponden con los de esa primera vez o con los de las siguientes. En repetidas ocasiones he vuelto a ese mismo lugar en busca de esas mismas sensaciones, a contemplar esas estanterías cargadas de libros que se encuentran en algún lugar de alguna de las listas de libros por leer o leídos que he ido acumulando a lo largo de los años y que no paran de aumentar. Cinco plantas completamente llenas de libros usados, escritos, anotados, con sus propias historias. En ese lugar, de algún modo, comprendí que los li...