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Mostrando las entradas etiquetadas como Zagreb

Un espacio vacío

Hace un año vivía en Sofía. Hace dos, en Zagreb. Hoy vuelvo a habitar Sevilla y pronto incluso constaré en el censo de esta ciudad que nunca he terminado de sentir propia. Intuyo que es una ficción, pero siento que las dos ciudades balcánicas me han marcado más que la capital andaluza. Como si a esas dos ciudades les debiera algo de la persona que soy, como si me hubieran movido a ser como soy ahora, a hacer lo que hago ahora, a pensar como pienso ahora. No obstante, no me sucede eso con Sevilla, no siento que me haya cambiado: recuerdo momentos, gentes, casas, escenas; recuerdo -y últimamente de un modo muy íntimo- una vida en esta ciudad que siempre me ha parecido de paso, como si fuera un trámite estar aquí, como si la forma de vivir aquí no fuera conmigo: no tengo una cafetería a la que ir cuando quiero un café solo conmigo, ni un parque callado por el que pasear a la sombra y escuchar los juegos de los niños como una risa que invade el alma, ni una calle que transitar en calma ent...

Croacia XXIII: Los días soleados y el equipaje

Zagreb se descubre ahora como una ciudad soleada. El invierno ha sido bastante suave, dicen sus habitantes. Sólo ha nevado un par de veces y no ha durado demasiado el manto blanco; apenas ha dado tiempo a que se ennegreciera con el paso de las ruedas y los humos y las tristezas propias del invierno. Mis últimos días aquí los estoy pasando en los parques, sentado en alguno de los miles de bancos que existen en estas calles y que hasta ahora me habían pasado desapercibidos. Es curiosa la perspectiva que da la luz del sol de las calles: hacen del espacio otro distinto, aunque el lugar sea el mismo. Nos relacionamos con las avenidas de otro modo, pasamos más tiempo donde antes apenas parábamos. No volvía al Maksimir desde octubre, ni siquiera había pisado el Jarun, desconocía plazas amplias y soleadas que se abren bajo la luz del día como extensos campos en mitad del asfalto… No imaginaba la ciudad en primavera y tengo la sensación de que la echaré de menos por abandonarla antes de tiemp...

Croacia XVI: un guardabarrera, la humanidad y los trenes

En el barrio en el que vivo se encuentra una de las estaciones de tren que tiene Zagreb. Andando se tarda en llegar aproximadamente lo mismo que se tarda desde casa de mis padres a la estación de Zafra. Hay días en los que se escucha el pitido de los trenes con claridad. A veces, en la noche, si la ventana está abierta, a pesar del frío, entra en la habitación esa sensación de ausencia y de emoción que se transmite en las estaciones. Supongo que la familia hace mucho, sí, y, excepto el tiempo que viví en Salamanca –adonde me era imposible desplazarme en tren desde Zafra –, de algún modo mi vida ha transcurrido entre andenes. Entre vías ya inexistentes aprendí a montar en bicicleta y entre andenes aprendí a despedirme de quienes se iban y de quienes se quedaban, también de quienes se fueron y ya no hay manera de que vuelvan. Con el tiempo, sin embargo, he ido acostumbrándome al ir y venir constante, como si casi ya no me afectara. Es todo una mentira. O, mejor, una ficción. Pasa espe...

Croacia XV: distancia, relaciones y un buzón

Aunque salga el sol hace frío en Zagreb. Esa sensación a veces me recuera a Salamanca, cuando la luz del día pega en la cara y has olvidado las gafas de sol en casa y te ves obligado a cerrar los ojos, pero a la vez el frío es punzante y directo, como si decenas de pequeñas agujas se clavaran con cada paso en la piel. Me costó acostumbrarme a ella y ahora vuelve estando aquí. Salgo poco a la calle. Entre la pandemia, que lo ha dejado prácticamente todo cerrado, y el frío, donde más apetece estar es en casa, con la calefacción encendida y con un té caliente. La cantidad de variedad de tés visible en la balda que me sirve de despensa se va agotando. Eso es síntoma de que el tiempo en Zagreb se va acabando y no todo es o ha sido como esperaba. Imagino que hay quienes, en casa, han sido capaces de aprovechar mucho el tiempo, quienes no se han distraído y quienes han sentido que sus vidas tenían cierto sentido. Mi caso no es así. Es cierto que mi vida no ha cambiado demasiado, que sigo es...

Croacia XIV: un árbol en el bosque

Me llama la atención la expresión no hacer leña del árbol caído . Me pregunto, si no se hace leña, ¿qué se hace con esos seres gigantes cuando los tumba el viento o cualquier otra inclemencia? ¿Es algún tipo de tradición dejarlos ahí hasta que se pudran o den vida a otras plantas o sirvan de cobijo para algunos animales? Hace un par de días fui a uno de los bosques que se encuentran en la ciudad de Zagreb. Aún había restos de la nieve caída días atrás, y árboles grandes como columnas de templos griegos, fuertes como navíos que encallan pero no se hunden. Parecía imposible que ninguno de ellos pudiera partirse por la base y se derrumbara llevándose consigo algún ejemplar más pequeño, más frágil. Pero lo imposible también sucede. Incluso los árboles más fuertes, los que parecen destinados a durar por muchos años y crecer y crecer hasta elevarse sobre la ciudad, también pueden caerse. Da igual que pierdan sus hojas en invierno para ahorrar fuerzas, da igual que los poden y quiten las ra...

Croacia XI: un terremoto, una casa y la historia

Hoy me he despertado como si me encontrara navegando en mitad de alguna tormenta oceánica. No sé muy bien cómo es la sensación, pero en un barco es en lo primero que he pensado cuando he visto que todo se movía, que las vigas de madera parecían bailar frente a mis ojos. No era consciente de que estaba viviendo un terremoto hasta que he recordado el de marzo. Entonces ya sí me he asustado, he pensado que esa viga danzarina podría caerse en algún momento y con ella todo el techo sobre mí, así que, absurdamente, me he cubierto con mis propias manos la cabeza. Ha parado pronto. Luego le han seguido un par de réplicas y luego de nuevo una sacudida como la primera. He pensado en los daños del terremoto de marzo aún visibles. Entre el sueño y la vigilia no era muy consciente de si era real o cuándo. Pero lo ha sido. Esta vez el epicentro se ha situado a 50 kilómetros de la capital croata y los daños se han registrado más lejos de aquí. La península Balcánica está bien viva. Al salir de la c...

Croacia IX: El frío, la nieve y unos refranes

El frío ha llegado a Zagreb con una intensidad que le sabía pero no le esperaba. Antes de venir, me asomé a las páginas meteorológicas buscando cómo suelen ser los inviernos croatas y lo primero que descubrí es que el sur de Europa a veces no está tan al sur, que es más bien una construcción ficticia. La temperatura ya no sube de cinco grados los días en los que hay cierta suerte. Tampoco suele bajar de cero, aunque ya hemos llegado a menos tres. Lo cierto es que me gustan los inviernos y el frío. Me gusta sentir el aire gélido en la cara y llegar a alguna cafetería, pedir un té y calentar las manos apretando la taza. Recuerdo el frío en Göteborg, que tiñó de blanco toda la ciudad a las pocas horas de aterrizar mi vuelo en un aeropuerto con una terminal como un pequeño almacén de un polígono industrial: en esa ciudad tomé mi primer vino caliente y no recuerdo el sabor, sólo el calor en las manos. Recuerdo también que en Groningen, al volver de montar en bicicleta y de pasear sobre un...

Croacia VIII: terremotos y museos

En marzo de este año, Zagreb sufrió la peor parte de un terremoto que sacudió Croacia. No es algo demasiado ajeno a esta ciudad, en la que la historia se cuenta casi por los terremotos que ha sufrido. Hace 140 años un seísmo sacudió los cimientos de esta ciudad y destruyó gran parte de la catedral. El terremoto del 22 de marzo, de 5,4 grados, y sus más de 50 réplicas dejaron un muerto y casi treinta heridos, además de numerosos edificios en los que son aún visibles los daños. La biblioteca en la que yo tendría que estar trabajando estos días también quedó bastante dañada, especialmente la tercera planta, donde se encontraban los libros de germanística. Era domingo y eran aproximadamente las seis y media de la mañana. Eso salvó muchas vidas. Si hubiera sido solamente un día después, las calles agramitas estarían ya empezando la vida, que no se para a pesar del covid. En algunos edificios céntricos aún se ven las huellas de los desprendimientos, paredes desconchadas, como de edificios ...

Croacia III: estampa de un primer paseo

Sólo un día he recorrido las calles de Zagreb como me gusta hacerlo en las ciudades en las que termino viviendo: sin rumbo fijo, sin prisa, sin tiempo límite. Antes del virus, cuando llegaba a cualquier ciudad, paseaba hasta aburrirme y me sentaba en una cafetería, tomaba notas o trabajaba un poco. Luego continuaba hasta que llegara la hora de comer y me sentaba en el primer sitio que me apeteciera para volver poco después a emprender la ruta entre calles y edificios desconocidos, completando un nuevo imaginario de calles, casas, señales…   Llevo, sin embargo, algo más de una semana encerrado en casa, en cuarentena preventiva – retroactiva y responsable – por contacto directo con diagnosticados de covid. Ya falta menos para salir a la calle, pero aún no es el momento. Sin síntomas ni prueba, la soledad de la habitación se hace, a veces, un poco desesperante. Pero se sobrevive, ya sabemos. Yo lo estoy haciendo a base de tés e infusiones: té de hierbas y mate, manzanilla, hierbas d...

Croacia II: una mesa

Nunca me ha gustado comer y trabajar en el mismo sitio, ni dormir y trabajar en el mismo sitio. Cuando vivía en Bremen, el escritorio en el que trabajaba, preparaba y corregía exámenes, leía y escribía los trabajos para la carrera eterna que por fin terminé, era también la mesa en la que comía las tristes comidas a la plancha o lo que traía de algún puesto de comida de la calle. Era, además, mi mesita de noche, donde dejaba las gafas antes de irme a dormir, donde apoyaba el libro que hojeaba por las noches hasta que me entraba el sueño, donde dejaba el teléfono que usaba, además, como despertador. Era la mesa multiusos. A veces no queda más remedio que adaptarse a las circunstancias. Al principio busqué otros pisos, otros lugares en los que tener refugio. Más adelante me cansé de buscar e hice de aquel hueco bajo tierra mi hogar transitorio. Porque sabía que sería transitorio, claro está. Hasta estos días no se me ha presentado la temible idea en la cabeza de cocinar y trabajar en la...

Croacia I: una habitación en Zagreb

E n mi reciente habitación viven arañas. Llevan aquí más tiempo que yo, con sus casas colgantes y sus despensas llenas. Alguna vez aparece algún cadáver de un insecto incauto, sorprendido tal vez en el vuelo y atrapado entre los finos hilos de las habitantes primigenias. Cuando abro las ventanas, aún caluroso el tiempo, y se cuelan mosquitos, moscas, avispas o algún ser gris parecido a una hoja – da rabia desconocer los nombres –, siento que empezarán las arañas a moverse y a tejer para cazar al intruso, para dejarlo suspendido a la espera de la cena. Sin embargo, las observo y ahí siguen, apenas sin moverse. Sólo una he visto correr despavorida. Incauta, ha bajado al suelo y ha aterrizado en la cama mientras yo la sacudía en la mañana. Ha perecido de un golpe distraído pero certero. Ahora temo la rebelión de las demás; pero ellas siguen a lo suyo, en su quietud constante, en su descanso colgante. En mi reciente habitación, también, se escucha la lluvia caer como si se acercara el fi...