Croacia XV: distancia, relaciones y un buzón
Aunque salga el sol hace frío en Zagreb. Esa sensación a veces me recuera a Salamanca, cuando la luz del día pega en la cara y has olvidado las gafas de sol en casa y te ves obligado a cerrar los ojos, pero a la vez el frío es punzante y directo, como si decenas de pequeñas agujas se clavaran con cada paso en la piel. Me costó acostumbrarme a ella y ahora vuelve estando aquí. Salgo poco a la calle. Entre la pandemia, que lo ha dejado prácticamente todo cerrado, y el frío, donde más apetece estar es en casa, con la calefacción encendida y con un té caliente. La cantidad de variedad de tés visible en la balda que me sirve de despensa se va agotando. Eso es síntoma de que el tiempo en Zagreb se va acabando y no todo es o ha sido como esperaba. Imagino que hay quienes, en casa, han sido capaces de aprovechar mucho el tiempo, quienes no se han distraído y quienes han sentido que sus vidas tenían cierto sentido. Mi caso no es así. Es cierto que mi vida no ha cambiado demasiado, que sigo es...