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Mostrando las entradas etiquetadas como curiosidades

Maletas, libros y viajes

Lo que peor llevo de hacer maletas para estancias largas es elegir los libros. Uno sabe qué le apetece leer ahora, pero no qué le apetecerá leer cuando llegue el invierno y las noches sean largas y el frío esté tras las paredes de la casa. Es imposible decidir. Cuando viajo a Alemania no tengo demasiados problemas, me llevo lo que me apetece en ese momento y allí ya compraré lo que sea; pero ahora, en Croacia, la cosa cambia. Donde la cosa es, concretamente, el idioma. Hay quien lee con premeditación: tiene un listado de libros que quiere haber leído hasta final de año y eso hace. Yo, en cambio, me lo planteo así y, en lugar de una lista, lo que tengo es una pila. Se supone que cuando termine el que tengo entre manos en cada momento, lo único que tendré que hacer es colocarlo en su sitio en la estantería y empezar el que está arriba del todo del montón, pero ese montón va cambiando de orden y de lugar y, por supuesto, una vez transgredida la ley de la permanencia, ya da igual, no t...

Cuarentena XIX: Nuevos planes y fin

Leía esta mañana el poema de Izet Sarajlić que lleva por título "Cambio de dirección" y pienso que sí, que hay cambios de dirección menos afortunados que otros, aunque también son más certeros y, seguramente, permanentes. Veintiocho direcciones dice Sarajlić en el poema que ha tenido Alfonso Gatto. Yo cuento las mías, sólo en las que alguna vez he recibido algún envío de alguien: trece. No sé si es mucho o es poco, sólo sé que se me hace extraño imaginar dejar de cambiar. Y, sin embargo, de alguna manera empiezo a sentir que es necesario. No será ahora tampoco.  A veces un único gesto, una única palabra, pueden cambiar el rumbo de la vida. Otras veces es una única cerveza, una única copa que tomas de más y te obliga a dormir la resaca, llegar tarde y encontrarte con alguien que cambia tu vida. A veces es simplemente un libro, asistes a su presentación y conoces al autor, o a alguien entre el público que te propone a saber qué proyecto artístico o vital. A veces incluso l...

Cuarentena XIV: algunas librerías de mi vida

Las librerías son esos espacios mágicos en los que uno encuentra miles de mundos por descubrir. Soy lector y soy consumidor de libros. Lo primero, por pasión, lo segundo, por convicción, y viceversa. En cada ciudad en la que habito me busco una librería en la que desembolsar cantidades de dinero que no tengo para comprar libros que, en muchos casos, aún esperan desde hace años a ser leídos.  Compro libros porque me gustan, sí, porque, como diría Krahe, me tranquilizan , pero no sólo. La intención es leerlos, lógicamente, pero también compro libros como acto político. Procuro no comprar en grandes librerías, sino más bien en librerías pequeñas e independientes en las que uno se siente realmente en casa.  Durante unos años, especialmente en Salamanca, esa ciudad repleta (al menos entonces) de librerías, me era prácticamente imposible entrar en una sin acabar llevándome algún libro. Los había estudiado casi todos, estaban ahí, presentes, sin necesidad de pedirlos, no es ...

Cuarentena VIII: algunos pisos, Cohen y una lámpara

Desde hace años escribo con algo de música que me ayude a crear el ambiente que se reproduce en mi cabeza. A lo largo del día esa música cambia, pero cuando llega la noche, casi siempre acaba siendo Leonard Cohen el que ocupa el hueco sonoro en estos textos. Seguramente desde el año de la calle Prado, ese año que pasé entre libros y más tiempo fuera de clase que dentro, Cohen me haya acompañado en mis noches de escritura. También lo hizo con frecuencia cuando vivía en Bremen, en ese sótano con ventana a un patio desgastado por la lluvia y el frío, en el que las plantas crecían selváticas y embarradas, con tiestos vacíos y mohosos.  Estos días he pensado mucho en esa casa, en aquella habitación, en aquel hornillo eléctrico bajo la escalera que calentó la comida que me alimentó malamente durante dos cursos completos. Más que una casa era un refugio, aunque ni siquiera sé de qué me refugiaba. Bajando las escaleras que daban al sótano desde el exterior, a pocos pasos de la puerta,...

De libros y casualidades

El mundo, el entorno, me parecen cada vez más extraños. Vivimos conectados a todas partes en segundos y, sin embargo, cada días nos conocemos un poquito menos, nos hablamos un poquito menos. En la pantalla del ordenador nos encontramos a diario fotos de desconocidos a quienes no hemos visto en persona en la vida, a conocidos a quienes ya no conocemos y a conocidos de quienes sólo sabemos por sus fotos. De vez en cuando, sin embargo, la vida nos regala ciertas casualidades que podrían carecer de sentido y que, probablemente a pocos les hagan ilusión. No es mi caso. Me gusta llegar a un sitio y ver a alguien conocido, a alguien de quien me han hablado, quizás por el simple hecho de luego pensar en cómo dos personas pueden encontrarse, qué habrá traído a esa persona al mismo lugar que a mí, o, también al contrario, cómo es posible que yo haya terminado en el lugar en el que se encuentra esa persona. También me gustan las contracasualidades, los momentos en los que dos personas están el m...

Donde se queman libros, se acaban quemando personas (H.Heine)

El 10 de mayo de 1933 tuvo lugar en Alemania uno de los episodios más tristes, denigrantes, duros y absurdos contra la cultura que cualquier país, ciudadano, entidad y, en general, sociedad, pueda llevar a cabo, la Bücherverbrennung (Quema de libros). En las plazas de muchas ciudades alemanas se quemaron todos los libros que se encontraron de autores que no eran adeptos a la causa de Hitler, los llamados Undeutsch, un término que niega lo alemán. La mayoría de estas plazas están muy cerca de las Universidades, y no en especial como amenaza a los intelectuales, qué va, sino por quien lo llevó a cabo. En Berlín, por ejemplo, en la Bebelplatz, los estudiantes seguidores de las ideas del partido nacional-socialista quemaron cientos de libros, y allí se encuentra el monumento subterráneo en memoria a esos libros y a sus autores: un cristal deja ver, en el suelo, una sala donde las paredes son estanterías blancas y vacías, en las que, según tengo entendido, cabrían 20.000 libros. No creo equ...

Entrada absurda y necesaria.

Escribo esto casi por necesidad, por contar, porque los días en los que uno no puede hacer nada más que mirar por la ventana, escuchar la radio e intentar leer son lo más aburrido del mundo y, por supuesto, escribo aquí porque no puedo escribir en papel tirado en la cama. Y escribo sin tener muy claro de qué o siquiera para qué. No tengo nada que contar ahora mismo, o sí, quizá tantas cosas que no sé elegir una sola: ha sido el aniversario del 15-M y yo lo he visto en la prensa, sin poder salir a la calle; Francia tiene nuevo presidente, Hollande, de izquierdas, bueno, del Parti Socialiste, que sabemos que no siempre es lo mismo; definitivamente el curso que viene estaré en Alemania estudiando, en la ciudad de Beethoven, inscrito y todo ya en la Universidad del nombre kilométrico de la ciudad de una sola sílaba (lo que son las ironías, oigan); y otras tantas cosas (tijeras por aquí, recortes por allá...) de las que podría haber escrito en su día, no por contarlas, que para eso ya están...

Breve historia de la búsqueda de un libro

Todo tiene su historia, unas son más curiosas, más divertidas, más especiales, o lo que sea que otras, eso está claro. Por ejemplo, yo empecé a coleccionar El Principito antes de haberlo leído, siquiera. En Alemania, el primer verano que pasé allí. Por una serie de razones que no recuerdo, la madre de una amiga mía, después de hablarme del libro durante varios días y darme un par de cedés con el audiolibro de " Der kleine Prinz ", del que no entendía una de cada dos palabras, decidió, el último día de mi estancia allí, en una librería que caía de camino, mientras íbamos al aeropuerto, comprar la edición en papel y regalármela, para que me fuera más fácil comprender lo que decían. Eso fue en el verano de 2007, en Neckargemünd. Hoy, casi cinco años después, con no demasiados principitos, ha aparecido otro en el buzón. No lo esperaba aunque fuera yo el que lo buscó y lo pidió en tres librerías de Groningen hace poco más de un mes. No lo había pensado antes de ir -de lo contrario...

Coincidencia (?)

Ayer estuve viendo en la2 el documental " La doctrina del Shock ", recomendable para todo aquella persona que no lo haya visto y le interese algo, sólo un poquito, la invasión económica occidental. Y hoy, a contrarreloj, como casi siempre, he empezado con el libro de Edward W. Said Orientalismo . Pues bien, si ayer hablaban de economía tras el 11-S y las implicaciones mundiales que eso conlleva, en el "Prólogo a la nueva edición española", justo al final, Said comenta: Por encima de todo me parece que la simbiosis entre España y el islam nos proporciona un maravilloso modelo alternativo al crudo reduccionismo de lo que se ha dado en llamar el "choque de civilizaciones", una simplificación de la realidad originada en el mundo universitario norteamericano que sirve a los propósitos de dominación de Estados Unidos como superpotencia tras el 11 de septiembre, pero que no transmite la verdad de cómo las civilizaciones y culturas se solapan, confluyen y se nutr...

Años que pasan volando, años que no lo harán.

Termina el 2011, pero no termina sólo un año, también una era(?), la de la sociedad del bienestar. Felices recortes.

Desde Tallín

En la época de las tecnologías, de las velocidades, de los microrrelatos consecuentes, a mi buzón siguen llegando cartas, paquetes con libros que hacen miles de kilómetros para acabar en una estantería del cuarto de Zafra sin que, muy probablemente, nadie lo consiga leer nunca. Las cartas que recuerdan que el mundo es más personal de lo que nos hacen creer estos cacharros que, hipócrita yo, utilizamos cada día, y los libros -otro principito- que nos dicen que, en millones de sitios se cuentan las mismas historias, que nos ayudan a entender que el mundo no es tan diferente como nos lo muestran, que lo importante no son las ciudades, sino sus habitantes, los que leen esas historias, y las cuentan. Los mitos permanecen, cambiando, evolucionando o destrozándose, siempre. El Principito quizá no sea aún un mito, pero su figura empieza a ser mitológica, y su presencia en cientos de lenguas de todo el mundo, lo demuestra. Desde Tallín, ciudad desconocida por los pies que me sostienen, pasando ...

Cervantes de Nicanor.

Se conocía el otro día que el Cervantes se lo dan a Parra. A ese escritor peculiar y fuera de serie que entiende la literatura de una forma bien distinta a la del resto de escritores de este mundo. O al menos de una forma distinta de la de los escritores conocidos de este mundo. Que Parra era un completo desconocido entre mis lecturas hasta hace poco más de un año y medio y que, a pesar de haber leído y releído Páginas blancas  (Ed. Universidad de Salamanca) una y otra vez sigue siendo desconocido, es algo que quiero dejar bien claro. Fue en Literatura Hispanoamericana, esa asignatura optativa de primer ciclo, donde apareció la obra de este señor como una mala tormenta, rompiendo todos los moldes posibles y sin la capacidad para llegar a entenderla. Aquello parecía de broma. Uno llega a la Universidad creyendo que todo es seriedad, que lo que no es bellísimo no tiene cabida en el mundo literario, pero se equivoca. La poesía de Parra no es lo que toda la poesía ha sido, es un paso...

Elecciones, mercancía y Venezuela.

A propósito de las elecciones, de los recortes venideros, en sanidad, en educación, de la venta de la dignidad -escasa era la que ya teníamos- de los ciudadanos de este país en concreto, por lo de que votamos nosotros, y del resto, que aunque ahora no voten están igual de jodidos, y de las manifestaciones tardías de ayer, me he acordado de una situación que viví en Alemania este verano. Conocí allí a un par de venezolanos chavistas -uno vivía en Alemania, el otro sólo estaba de paso-, defensores del gobierno del señor Chávez. No es perfecto, decían, pero es lo mejor que le ha pasado a Venezuela en los últimos años, ha dado educación a quien no la tenía, escasa, sí, porque se han tomado profesores que no están preparados, que no habían hecho prácticas, porque se han necesitado miles de profesores que antes no existían para dar clase a gente, para educar en regiones en las que un colegio era impensable. Lo importante no es la calidad actual, sino que es un comienzo para lo que llegue en ...

Juan del Enzina, teatro en la Universidad

La Universidad de Salamanca recibe con los brazos abiertos la reapertura del teatro Juan del Enzina . Los estudiantes de la Facultad de Filología de dicha Universidad lo recibimos no sólo con los brazos abiertos, sino también con los oídos, por fin, destapados. Tres años han tardado en reformarlo, ha costado 3,2 millones de euros y puede dar cabida a 380 espectadores. Situado en el sótano del edificio Juan del Enzina (Anayita) , perteneciente por lo tanto a la parte más nueva de la Facultad de Filología, es un espacio escénico que acogerá diferentes obras de teatro y conciertos, proyecciones y todo lo que desde la Universidad y desde la Facultad se proponga y pueda salir adelante. En tiempos en los que el teatro pasa apuros económicos, y después de que lo cerraran en 2003, creando un movimiento en la Facultad con una sola consigna, " No a la muerte del teatro Juan del Enzina ", el teatro universitario y actual, las nuevas tendencias dramáticas y las canonizadas en los manual...

Artículos en revistas de por ahí: Encuentra placidez la muerte en Cáceres

Escribí hace algún tiempo de un artículo  que lo llevaría a uno a  Yuste , al Cementerio Alemán, concretamente. Pues bien, el artículo que salió de ese viaje, más literario que periodístico, si es que el primer término se puede aplicar a alguno de los textos que se escriben en este ordenador -y en alemán ya ni digo-, se mandó, como correspondía, a la revista austríaca FM5 . Varios meses después de aquello seguía sin saber nada de él, hasta hoy, cuando un email daba la noticia de que lo acababan de publicar . Esta muestra de pedantería narcisista responde, más que nada, al asombro: ni me lo creo ni me lo explico. Hice el intento traducir el texto completo -por algún lugar, en una carpeta remota del disco duro, andará- pero no me convencía, extrañamente sonaban impropias las palabras de uno en castellano, y lo dejé. Quizá en un rato libre, alguna vez, lo retome para dejarlo por aquí, para quien aún no sepa alemán y le apetezca leerlo, si es que hay alguien. El título, Der Tod fi...

Valor de cambio

"El marrón da a mi cara un tono amarillento, enfermizo, como si siempre tuviera resaca. Y eso se nota en las ventas " Ken Follet dixit . Citado en El enigma best-seller .

Esto ya es Extremadura

Hace poco menos de una semana que llegué a casa, al calor sofocante de primeros de septiembre en la dura y vasta Extremadura, en la eternidad extremeña. No es que aquí se viva bien o se viva mal, no es que en los pueblos uno se encuentre con su yo, descubra las posibilidades que se tienen en el caos de las relaciones personales, en las carreras en los metros, en los coches caros y los autobuses atestados de quienes se levantan temprano para ir a trabajar. No, no es nada de eso. La vida aquí es sencillamente diferente, las preocupaciones  no tienen apenas espacio en la extensión, y el paisaje inabarcable e inacabable nos muestra la realidad de un mundo que no queremos ver y que evitamos, que transformamos en idilio irreal porque no somos capaces de aceptar la belleza que no creamos, la que, sin más, existe. Vuelven los atardeceres rosa del verano al camino, y vuelve el calor insoportable, como vienen y se van, cada año, las cigüeñas, y vuelven los que nunca se han ido. Recordaba hac...

De Andalucía a Mannheim

La vida está hecha de casualidades, de ir y venir, de trenes con retraso, de maletas perdidas y esperas, de pasos en calles en momentos concretos, ni un segundo más ni un segundo menos, de platos de salmorejo con tomates de tiendas sin tendero, de karaokes. Y por casualidades conoce uno a gente que demuestra que la realidad no tiene límites ("Resulta bochornoso que la realidad no imponga límites", comenta Marías en Los enamoramientos ), que hay quien (sobre)vive en ciudades desconocidas, con idiomas desconocidos, y que encuentra trabajo, y tiene suerte y tuvo un pasado, y tendrá un futuro. Uno no sabe ya, parece ser, demostrar en público sentimientos, ni tan siquiera sensaciones, sólo sabe reconocer que lo siente con líneas como éstas. Cuando escucha abre bien los oídos, sin contestar una palabra -por incapacidad, por falta de necesidad-, sin sorprenderse por nada aparentemente, y sintiendo por dentro la valentía de quien narra, sufriendo con él, alegrándose por él. En Mannhe...

Correo no electrónico

Ya llevo casi dos meses en el barrio de Handschusheim, en Heidelberg, y no es que me sienta casi como en casa, es, simplemente, que estoy haciendo una casa de esta habitación en la que paso las noches más despierto que dormido. El número de libros aumenta considerablemente gracias a los Antiquariat que venden libros rarísimos, antiquísimos y seguramente descatalogados a precios de risa, a Reclam, que con calidad de libro de bolsillo tiene unos contenidos que podríamos comparar, quizá, con los de Cátedra en España, pero a precios absurdos (Kafka, dos euros, Hauptmann, uno sesenta), y a mis ganas de comprar libros para no saber cuándo podré leerlos. Además de la pequeña colección de libros que se está montando encima del escritorio, justo a mi izquierda ahora mismo, llegan cartas, postales, sorpresas por correo. La última desde Plasencia, como, curiosamente, muchas otras veces, pero con una remitente diferente. Con postal incluida, y con una caligrafía casi perfecta a pesar de los tópico...

Colecciones por correo

Uno colecciona cosas. Pocas. Las justas, seguramente. Y entre las que colecciona con cierto apego y desde hace unos cuantos años se encuentra un libro, una historia, más bien, en muchos libros y en muchas lenguas. Coleccionar Le petit prince  es algo que uno no sabe muy bien por qué, pero lo hace. Y hoy ha llegado hasta Alemania uno más para esa pequeña colección. En polaco ( Mały Książę ) y con una escueta postal dentro. Esta mañana, cuando salía hacia Mannheim para trabajar he echado un vistazo al buzón comunitario de la casa, el único que hay y en el que se acumula la correspondencia de unos quince vecinos que, honradamente, la dejan en el cesto o la llevan a la puerta correspondiente de la casa correspondiente para que el vecino al que le corresponda lo reciba. Y además de unas pocas cartas para conocidos y desconocidos (míos, claro está) había un gran sobre blanco con letras reconocibles que no era, a priori , para mí. He vuelto hace escasos veinte minutos y tenía corresponden...