Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como pensamientos

De nuevo los Balcanes: algo así como un prólogo

El viaje ya terminó hace un tiempo, pero por fin me he sentado a escribir sobre las semanas en los Balcanes. No hay estilo, no hay lógica, tal vez ni siquiera haya sentido. Pero hay historias y lugares una vez más. Comencemos por el principio.  El tiempo cada vez avanza más rápido. Quiero decir, los días siguen teniendo la misma cantidad de horas y de minutos, pero cada vez dan para menos. Como si lo que antes tardaba diez minutos en hacer, me ocupara varias horas. Dormir, duermo lo mismo o menos, y, sin embargo, el resto del tiempo está perdido en divagar entre la nada y la nada, sin avanzar siquiera en un único pensamiento estable. El mundo moderno se ha apoderado también de mí y trato de quitármelo de encima. Esto lo pienso mientras voy en el avión que aterrizará en Dubrovnik, y el pensamiento me lleva, no sé si inexplicablemente, a la tranquilidad. Porque sé que a partir de mañana, del día después de llegar a Croacia, no tendré internet y el tiempo tomará de nuevo otro ritmo. N...

Una cámara analógica

Cuando estuvimos en Macedonia del Norte P. hizo unas fotos maravillosas con su cámara analógica. Una Zenit cuyo modelo no recuerdo. Yo ya tenía cierto interés por las cámaras analógicas, sobre todo por esa imagen romántica del tiempo detenido en una época en la que todo corre. Existe la necesidad de conseguir algo para ya y se puede hacer. Este texto puede llegar a todas partes hoy mismo, en cuanto le dé al botón de publicar estará disponible en cualquier lugar del mundo con una conexión a internet. Esa rapidez no hará, no obstante, que todo el mundo tenga tiempo para leerlo. Ni siquiera hablo ya de interés, sino de tiempo: cinco, diez minutos, serán demasiado tiempo para dedicarle. Consumimos instantes, necesitamos cada día más estímulos. Así que la idea de hacer hoy una foto y ver el resultado días o incluso meses después no sólo me parece fascinante, sino, en cierto sentido, necesaria. La paciencia. Lo que crece con la calma. Esa parte de envidia me llevó a comprar en un mercadill...

Bulgaria II: Tres lecciones

Bulgaria me está dando lecciones muy intensas en bastante poco tiempo. Lo primero que se aprende al llegar es que hay que mirar bien al suelo, porque caminar por estas calles no es siempre sencillo: un ojo al suelo y otro al frente para evitar el tropiezo. Esa lección tendría que haberla traído aprendida de casa. Deberíamos traerla aprendida todos, de hecho: es imposible avanzar si no se mira bien el terreno, si no se sabe dónde se está y cómo se está, si no se calcula la distancia necesaria entre un pie y el otro, si no se aprecia el socavón en la tierra por la que nos movemos. Ir como pollo sin cabeza no siempre es buena técnica, y no es lo mismo que improvisar. La segunda lección imprescindible en este país es que no hay que hablar con la cabeza ni hacerles caso a las cabezas de la gente. Físicamente, quiero decir. Al pedir agua en un restaurante, por ejemplo, el camarero puede mover la cabeza con un gesto que puede parecernos de resignación, casi de desagrado. En cambio, ése será...

Bulgaria I: Dos meses después

Están a punto de cumplirse dos meses desde que llegué a Bulgaria y aún no termino de acostumbrarme. Dicen que los comienzos son duros, pero diría que para mí está siendo más duro afrontar finales. Cuando me vine aquí ya sabía que no era el mejor momento, que tal vez no era lo que necesitaba, pero no podía dejar pasar la oportunidad. Ahora que van pasando los días y va acercándose el invierno veo claramente que no es el mejor momento para estar aquí. Personal y profesionalmente es difícil hacerse un hueco en un ambiente completamente nuevo sin haber podido cerrar con lo anterior. Antes de venir hablé con distintas personas sobre mis dudas, mis miedos, mis inseguridades… muchas me dijeron que adelante, que no pensara en las dificultades, que todo iría bien. Es cierto que al final todo va bien, claro. La vida se basa un poco en eso. Hubo quienes me miraron a los ojos y me hicieron cuestionarme si era realmente el momento ideal. Lo cierto es que seguramente no lo fuera ya entonces. Des...

Estar parado

Desde que volví de Croacia apenas he sido capaz de escribir unas pocas líneas de algo que no sea la tesis que lleva viviendo conmigo ya más de cuatro años. No es una sensación nueva la de no tener nada que decir, aunque eso siempre sea mentira. A veces parece que el silencio es la única manera que se tiene de contar todo lo que sucede cuando lo que sucede no es movimiento. Reflexión, calma, introspección. A veces es simplemente la respuesta al hecho de encontrarse perdido entre todas las posibilidades. Falta menos de un mes para que se me termine el contrato en la Universidad de Sevilla, a partir de ahí, vuelta de nuevo a empezar, sin saber dónde, sin saber tal vez por qué. Para entonces aún no habré terminado de corregir Espacio e identidades transculturales en la narrativa actual en lengua alemana , pero no debería faltar mucho. Es la primera vez que escribo el título del trabajo de manera pública, para que se quede en internet. Ni siquiera tengo decidido el subtítulo, y eso ahora ...

Croacia XXII: letras en el asfalto

No hablar el idioma del país en el que uno se encuentra requiere otro tipo de acercamiento a lo que sucede a alrededor. Se necesita tener los ojos abiertos, anotar, buscar, tratar de encontrar traducciones a lo que sucede en cada esquina, preguntar... Mi intención, al llegar a Croacia, era aprender algo de croata, pero, en fin, está claro que mis intentos con las lenguas eslavas siguen siendo eso, sólo intentos. Sin embargo, más o menos he aprendido a manejarme gracias a que, entre otras cosas, he conseguido averiguar dónde buscar y qué leer. Una de las cosas que he aprendido es que a los croatas les gustan mucho las velas para homenajear o recordar a los fallecidos. El día 1 de noviembre, por ejemplo, los cementerios se llenan de pequeñas llamas, más que de flores. El de Mirogoj, en Zagreb, se mantiene abierto las veinticuatro horas durante los primeros días del mes para poder ir a encender esas velas y para que quienes quieran ir a visitarlo, puedan hacerlo. Es un cementerio inme...

Croacia XXI: Dubrovnik (II)

Las escaleras ocupan gran parte de la ciudad de Dubrovnik, hay que ir preparado y descansado para subir hasta el alojamiento. Entrando por la puerta de Pile, que lleva directamente a la fuente construida por Ivan Meštrović, todas las calles que se van presentando a la izquierda hasta la Plaza de la Logia están compuestas por escalones de piedra antigua, rayada en muchos casos, imagino que para evitar un resbalón fatídico. En una de estas calles, la Antuninska Ulica, se encuentra la casa en la que me quedo la segunda noche de mi breve estancia en Ragusa. Cada una de estas calles funcionaba en tiempos como un pequeñísimo barrio en el que los vecinos se ayudaban en su día a día. Son calles estrechas, de aproximadamente un par de metros de ancho, y en ellas se ven tendales de ropa de pared a pared que, para aprovechar más el espacio, se colocan en diagonal y no justo de frente. Un cartero pasea las calles buscando las casas de los destinatarios de esos sobres que parecen antiguos y sin e...