Y yo me iré
Me empiezo a ir sin terminar del todo. Llueve en Salamanca esta tarde, pero, a pesar de ello y de las nubes oscuras que se ven sobre todo el cielo, desde una de las puertas del balcón del salón de mi casa, se ve un hueco bien claro en el cielo. La lluvia no es fuerte, ni estridente, y me recuerda al primer verano en Alemania. Se nota, supongo, la cercanía del viaje. He estado limpiando el salón, la habitación, los huecos y los recuerdos, he desempolvado momentos y armarios que ya nunca más volveré a usar. Desde pronto. Me voy. Este piso que pronto dejaré, no ya menos de un mes, sino, si todo va bien, menos de quince días, ha sido mi refugio durante el curso. Diez meses, algo menos. Y he de reconocer que he vivido más que a gusto entre estas pocas paredes, con esta cocina a trozos y a plazos, con los pocos muebles y la falta de televisión. Pero no ha sido mi hogar. No habré sabido, digo yo, construirlo como tal. He apagado la música, la radio también está apagada, y me he tumbado en la ...