Las primeras lluvias tras el verano
Los primeros días de lluvia después del verano me transportan a Bremen. Hay quien escribe mucho sobre el verano, sobre el actual y sobre los veranos felices de la infancia; del sol, las playas, los amores efímeros con olor a salitre, el pueblo y las amistades que permanecen impasibles al paso del tiempo y que se afianzan sólo en los meses estivales. No hay demasiado de eso en mi infancia, más bien al contrario. El verano es para mí la sombra de un cuarto del que huir del calor, es algún día de piscina y poco más. El verano tiene, para mí, más que ver con la muerte que con la vida, tiene más de apatía que de alegría, más de desconsuelo que de libertad. La primera muerte familiar que tuve que penar fue en verano para certificar este sentimiento. Nada tiene que ver para mí el verano con los anuncios de cervezas y de gente en la playa, más bien llega con las noches de insomnio, el sudor y la escasa vitalidad, la desidia y el cantar de las chicharras, que anuncia un día perdido. Más tie...