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Poesía viva
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Acabo de llegar de la Universidad, y, ciertamente, he de decir que he quedado muy sorprendido gratamente de lo que he vivido esta tarde en el Aula Miguel de Unamuno. Enmarcado dentro del seminario "Suiza, 4 lenguas, 4 culturas III", he podido disfrutar de dos escritores suizos, uno ayer, Sylviane Roche, escritora en lengua francesa, y otro hoy, Christian Uetz, escritor en lengua alemana. Desgraciadamente me he perdido los otros dos escritores, uno en lengua italiana -Tommaso Soldini- y otro en lengua retorromance -Arno Camenisch-. Y es, precisamente, del que más me afecta directamente de quien quiero hablaros. Nacido en Egnach, Christian Uetz es un poeta suizo experimental que representa su poesía, que no la lee, sino que la tiene tan dentro de sí que la grita, que la reinterpreta, que la conjuga y que la hace llegar al público de una manera sorprendente. Eso es poesía experimental. Este suizo, con el que hemos pasado un rato muy agradable, ha dejado ver una forma diferente d...
Caminos
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A veces uno tiene la sensación de que todo se conjuga de alguna y otra forma para que las cosas parezcan perfectas: una buena noche de cine, una película tranquilamente en casa, un documental en la facultad en el que se aprende más de lo que muchos imaginan, un día perfecto de concierto, unas canciones mal cantadas en la calle, sin procurar despertar pájaros desagradables, una botella de vino en el césped. A veces uno siente que las cosas le guían y le ayudan a elegir un camino en solitario, cargado de mariposas, pequeños ojos que inundan los soles de los árboles, un camino para andarlo y desandarlo, cantando, amando, un camino de recuerdos fugaces como siglos, de mañanas a las tres, de noches de amaneceres. A veces uno siente que las sensaciones le mienten.
Con miedo y sin gloria
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Desaparecen las fronteras en el increíble viaje del sustento, y el viento en que dejé las vacilaciones pasa como un rayo entre los dedos de quien, iluminada por un dios, sostiene un cigarro casi consumido. Calada tras calada, se aproxima a los susurros sin dueño, que, humildes y hechizados, sostienen la cadencia del ir y venir del tiempo, del sudor entre colchones, del amar con restricción. MAR
Homenaje
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Homenaje Algunas pocas cosas te rodean ahora. Tal vez te creas inmortal esta noche de mundo, cuando tu cuerpo no se dedide aún a creer en la historia, y me miras triste, - cinco años ya vigilándome muda - desde la seriedad y la fotografía. (Aquella noche eras la sombra hermosa de la vida. Recordarás el gesto indeciso de tu boca cuando te sorprendieron, la tímida sonrisa que he amado tantas noches y que ahora me espanta. No sé si fue el alcohol lo que te hizo bella, si suponía el tiempo la herida que tus labios le hicieron al champagne, cuando sólo pedías la pasión de una tregua. Precisamente entonces te traicionó el futuro, y ya no fue fugaz lo que ahora me insiste y me interroga, como si tú supieras que yo iba a estar insomne muchas años después careciendo ante ti de todos los recursos). Te recuerdan algunos protegiendo tus piernas al impudor del viento; pero yo deseo tus labios de papel, el rubio corazón que cuelga en las paredes y que nunca entendió muy bien lo del suicidio. Aquí no...
La chica del bus
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Las horas en los autobuses pueden hacerse eternas. Un viaje de cinco horas y media puede convertirse en un paseo algo más que desagradable y angustioso, pero, en cambio, puede derivar en lo opuesto, siendo uno de los mejores ratos de tu vida si, cuando se te cae una botella de agua al pasillo y vas a recogerla, agarras no sólo la botella sino también una mano suave y escurridiza como un pececillo y cuando alzas la vista encuentras unos ojos huidizos -no podían ser de otra manera correpondiendo a esas manos- que se iluminan de un color entre verde y azul. Ahí te preguntas por qué no siempre encontrarás algo de estas vistudes en el viaje... Y es que no todos los días puede disfrutarse de unos ojos que no se dejan mirar, de una sonrisa a medias y de un denada que, en ese instante, lo es todo.