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Miles de kilómetros

Que me gusta conducir no es ningún secreto para quienes me conocen. No tengo muy claro por qué. Quiero decir, no sé qué atractivo hay en sentarse frente a un volante de un coche cualquiera, abrocharse el cinturón, quitar el freno de mano con la primera ya metida, pisar el embrague, girar la llave y, cuando el motor ya suena, pisar poco a poco el pedal derecho, el acelerador, y cambiar de marcha cuando el coche lo pida, porque lo pide. No sé qué es, imagino que la sensación del movimiento, saber que llegaré a otro sitio a decenas, cientos de kilómetros de distancia, aunque tras ellos, luego siempre haya que volver a casa, sea donde sea que esté la casa.  Lo importante es llegar, dicen, no lo sé, a mí me excita el hecho de ir, recorrer carreteras que no sabía que existían, parar en ciudades que desconocía, en áreas de servicio en las que una camarera cansada de la vida en la carretera, ni siquiera te mira a la cara, o, al contrario, camareras que te sonríen y alegran esa parte del ca...

Historias de mi historia: Cartas inacabadas

Me gusta el contacto real, a pesar de internet, a pesar de lo que facilita las cosas, he preferido, siempre, mandar cartas, quedar, escribir una postal desde un lugar más o menos lejano para dar a entender que, de verdad, tengo presente a alguien.  En el verano de 2012, sin embargo, en un tiempo que pasé en Wittenberg, tenía entre manos una carta difícil, la escribía y la reescribía, la leía, la rompía y recuperaba frases. Nunca escribir algo me había costado tanto esfuerzo y tantas dudas.  Creo que por cuestiones de tiempo, y creo que nunca terminé de escribir la carta en Wittenberg, creo que me faltaba darle un final solamente, cerrar con unas pocas palabras más, sinceras y concisas, una carta de un par de hojas, difícil de escribir, pero también, seguramente, de digerir. Por cuestiones de cabeza, creo, olvidé la carta allí, lo que llevaba ya escrito, casi todo lo que había que decir, ya por fin bien dicho. Creo, digo, porque no pude encontrar la carta cuando llegué a España...

Debate: El informe PISA

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El jueves 20 de febrero, a las 20:00, se hablará en el hotel Huerta Honda de Zafra sobre el informe PISA -en el que Extremadura ha salido más bien mal parada- y sus consecuencias, sus aciertos y desaciertos, sus interpretaciones y realidades. Los miembros del Colectivo Manuel J. Peláez , en el que participan varios exprofesores míos (artífices de la invitación: gracias) han creído oportuno invitarme para dar una opinión crítica sobre él, mi punto de vista como estudiante, junto a varios profesores de secundaria y un padre en este debate en forma de mesa redonda. Humildemente he aceptado este pequeño reto. Cosa de todos.

Decisiones

Uno se va de casa un día para empezar la Universidad, a estudiar, a labrarse un futuro a todas luces -pocas- incierto. Escoge una carrera y con ella llegan unos amigos, unas personas y no otras, una vida que antes no se veía está de repente frente a nosotros, con sus caminos, sus curvas, sus cruces. Decisión. Elección. Con cada nueva respuesta a un problema, con cada giro, nos creamos a nosotros mismos, y uno no se asombra -quién sabrá por qué- de no estar a merced de nadie. Decidir es tomar un riesgo u otro, o querer evitarlos. Llega un día en el que uno se licencia, paga su título y puede decir que es licenciado en tal o cual cosa, y no hay nadie, al menos no ese día, o no en este país, nadie, que esté esperando para ofrecer un trabajo. Tampoco es que el recién licenciado lo quiera: es joven y es tiempo de estudiar un Máster. Y estudia el Máster. Y después de él seguramente siga sin haber nadie a las puertas de la Facultad esperando para darle un trabajo después de que haya pagado su...

Propósito

- Volver a intentarlo, no abandonar.

Pérdida

He perdido algo y no sé exactamente qué es. Por las mañanas me levanto con ganas de hacer algo, de contarle algo al mundo, pero a medida que pasan las horas, que las imágenes de aquello que me rodea me atacan, pierdo el contacto con mis dedos y mi mente es incapaz de desarrollar más de dos frases seguidas. Veo en mí mismo a Lord Chandos, pero mi indecisión es mayor, no me atrevo a dejar de escribir así porque sí, me resisto a ser una piltrafa que en cuanto ve su expresión deteriorada por su mala mente o por la inexpresividad de las palabras que lo eran todo, se ha vuelto asustadizo y teme no ser nada ni nadie, no llegar a ser lo que había sido ya antes. ¿Qué es más difícil, entonces, seguir adelante con algo por lo que has querido darlo todo y has estado casi consiguiéndolo durante unos años o abandonar todas las ilusiones puestas sobre la mesa en cuanto el clamor de la batalla retumba más cerca de lo que había parecido nunca? ¿Dónde está la valentía en abandonar sin esfuerzo? ¿Dónde e...

Verano

El verano, la vuelta y la huida, el retorno a un lugar que ya no nos pertenece, que tampoco ha dejado de hacerlo. El silencio por las calles a la tarde, la caída eterna de un sol que saluda y se despide entre los montes secos y las dehesas de la infancia. El tiempo de echar de menos, de rodearse de otros, aquéllos a los que la costumbre tiene lejos. El tiempo de callar, de morderse las entrañas, de arañarse las arterias, de gritarse a uno mismo con los dedos en el pecho. Mirar a la calle y descubrir el vacío. Correr las cortinas, bajar las persianas, despedirse del mundo. Las carreteras, el camino, la huida sin búsqueda. El encuentro, la paz.