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Un espacio vacío

Hace un año vivía en Sofía. Hace dos, en Zagreb. Hoy vuelvo a habitar Sevilla y pronto incluso constaré en el censo de esta ciudad que nunca he terminado de sentir propia. Intuyo que es una ficción, pero siento que las dos ciudades balcánicas me han marcado más que la capital andaluza. Como si a esas dos ciudades les debiera algo de la persona que soy, como si me hubieran movido a ser como soy ahora, a hacer lo que hago ahora, a pensar como pienso ahora. No obstante, no me sucede eso con Sevilla, no siento que me haya cambiado: recuerdo momentos, gentes, casas, escenas; recuerdo -y últimamente de un modo muy íntimo- una vida en esta ciudad que siempre me ha parecido de paso, como si fuera un trámite estar aquí, como si la forma de vivir aquí no fuera conmigo: no tengo una cafetería a la que ir cuando quiero un café solo conmigo, ni un parque callado por el que pasear a la sombra y escuchar los juegos de los niños como una risa que invade el alma, ni una calle que transitar en calma ent...

Una cámara analógica

Cuando estuvimos en Macedonia del Norte P. hizo unas fotos maravillosas con su cámara analógica. Una Zenit cuyo modelo no recuerdo. Yo ya tenía cierto interés por las cámaras analógicas, sobre todo por esa imagen romántica del tiempo detenido en una época en la que todo corre. Existe la necesidad de conseguir algo para ya y se puede hacer. Este texto puede llegar a todas partes hoy mismo, en cuanto le dé al botón de publicar estará disponible en cualquier lugar del mundo con una conexión a internet. Esa rapidez no hará, no obstante, que todo el mundo tenga tiempo para leerlo. Ni siquiera hablo ya de interés, sino de tiempo: cinco, diez minutos, serán demasiado tiempo para dedicarle. Consumimos instantes, necesitamos cada día más estímulos. Así que la idea de hacer hoy una foto y ver el resultado días o incluso meses después no sólo me parece fascinante, sino, en cierto sentido, necesaria. La paciencia. Lo que crece con la calma. Esa parte de envidia me llevó a comprar en un mercadill...

Bulgaria II: Tres lecciones

Bulgaria me está dando lecciones muy intensas en bastante poco tiempo. Lo primero que se aprende al llegar es que hay que mirar bien al suelo, porque caminar por estas calles no es siempre sencillo: un ojo al suelo y otro al frente para evitar el tropiezo. Esa lección tendría que haberla traído aprendida de casa. Deberíamos traerla aprendida todos, de hecho: es imposible avanzar si no se mira bien el terreno, si no se sabe dónde se está y cómo se está, si no se calcula la distancia necesaria entre un pie y el otro, si no se aprecia el socavón en la tierra por la que nos movemos. Ir como pollo sin cabeza no siempre es buena técnica, y no es lo mismo que improvisar. La segunda lección imprescindible en este país es que no hay que hablar con la cabeza ni hacerles caso a las cabezas de la gente. Físicamente, quiero decir. Al pedir agua en un restaurante, por ejemplo, el camarero puede mover la cabeza con un gesto que puede parecernos de resignación, casi de desagrado. En cambio, ése será...

Bulgaria I: Dos meses después

Están a punto de cumplirse dos meses desde que llegué a Bulgaria y aún no termino de acostumbrarme. Dicen que los comienzos son duros, pero diría que para mí está siendo más duro afrontar finales. Cuando me vine aquí ya sabía que no era el mejor momento, que tal vez no era lo que necesitaba, pero no podía dejar pasar la oportunidad. Ahora que van pasando los días y va acercándose el invierno veo claramente que no es el mejor momento para estar aquí. Personal y profesionalmente es difícil hacerse un hueco en un ambiente completamente nuevo sin haber podido cerrar con lo anterior. Antes de venir hablé con distintas personas sobre mis dudas, mis miedos, mis inseguridades… muchas me dijeron que adelante, que no pensara en las dificultades, que todo iría bien. Es cierto que al final todo va bien, claro. La vida se basa un poco en eso. Hubo quienes me miraron a los ojos y me hicieron cuestionarme si era realmente el momento ideal. Lo cierto es que seguramente no lo fuera ya entonces. Des...

Estar parado

Desde que volví de Croacia apenas he sido capaz de escribir unas pocas líneas de algo que no sea la tesis que lleva viviendo conmigo ya más de cuatro años. No es una sensación nueva la de no tener nada que decir, aunque eso siempre sea mentira. A veces parece que el silencio es la única manera que se tiene de contar todo lo que sucede cuando lo que sucede no es movimiento. Reflexión, calma, introspección. A veces es simplemente la respuesta al hecho de encontrarse perdido entre todas las posibilidades. Falta menos de un mes para que se me termine el contrato en la Universidad de Sevilla, a partir de ahí, vuelta de nuevo a empezar, sin saber dónde, sin saber tal vez por qué. Para entonces aún no habré terminado de corregir Espacio e identidades transculturales en la narrativa actual en lengua alemana , pero no debería faltar mucho. Es la primera vez que escribo el título del trabajo de manera pública, para que se quede en internet. Ni siquiera tengo decidido el subtítulo, y eso ahora ...

Croacia XXIII: Los días soleados y el equipaje

Zagreb se descubre ahora como una ciudad soleada. El invierno ha sido bastante suave, dicen sus habitantes. Sólo ha nevado un par de veces y no ha durado demasiado el manto blanco; apenas ha dado tiempo a que se ennegreciera con el paso de las ruedas y los humos y las tristezas propias del invierno. Mis últimos días aquí los estoy pasando en los parques, sentado en alguno de los miles de bancos que existen en estas calles y que hasta ahora me habían pasado desapercibidos. Es curiosa la perspectiva que da la luz del sol de las calles: hacen del espacio otro distinto, aunque el lugar sea el mismo. Nos relacionamos con las avenidas de otro modo, pasamos más tiempo donde antes apenas parábamos. No volvía al Maksimir desde octubre, ni siquiera había pisado el Jarun, desconocía plazas amplias y soleadas que se abren bajo la luz del día como extensos campos en mitad del asfalto… No imaginaba la ciudad en primavera y tengo la sensación de que la echaré de menos por abandonarla antes de tiemp...