Nos levantamos y salimos en busca de un sitio en el que comer algo y con intención de dejar nuestras mochilas en la consigna que esperamos encontrar en la estación de trenes. Nos han recomendado el trayecto en tren desde Mostar a Sarajevo, son solamente dos horas y el viaje debe de ser precioso. Ya habíamos reservado los billetes antes de volar aquí, pero no tenemos nada, únicamente un email que dice que pasemos a recoger los billetes por el mostrador antes de que salga el tren. Evidentemente, está únicamente en el idioma del país, que no es que entendamos más allá de unas pocas palabras, pero no hay mucho más que leer en ese email. Hacemos el camino inverso al que hicimos anoche y entramos en una estación enorme para la cantidad de trenes y viajeros que hay. El vacío es prácticamente absoluto y el señor que está detrás del mostrador nos mira extrañado. Nos hacemos entender en inglés y él rebusca entre papeles. Efectivamente, nos da un billete de tren que no entendemos. Parece un ...
Llegamos al hostal en el que nos vamos a quedar estos días en Sarajevo y lo primero que hacemos es replantear la ruta. En principio íbamos a pasar un par de noches aquí y luego deberíamos marcharnos hacia el sur, al parque nacional de Sutjeska, pero el calor que prevemos y la idea de que Sarajevo nos puede dar más juego del esperado nos hacen cambiar de opinión, así que decidimos que vamos a pasar cuatro noches en Sarajevo antes de salir en dirección a Višegrad, la ciudad del puente de Andrić. En realidad hemos dejado que Sarajevo nos sorprenda. También nos sorprende el calor y nos hace sentir que la decisión de dejar el parque nacional para otro viaje es la acertada. En realidad no tenemos mucha información más allá de la típica. Yo no he mirado nada, tengo la sensación de que lo que quiero es pasear y ya está, caminar y descubrir algo nuevo. Hace menos de un mes estuve en Serbia y me dieron recomendaciones de restaurantes y espero poder visitar la mayoría de ellos y, de camino, ...
Todo tiene su historia, unas son más curiosas, más divertidas, más especiales, o lo que sea que otras, eso está claro. Por ejemplo, yo empecé a coleccionar El Principito antes de haberlo leído, siquiera. En Alemania, el primer verano que pasé allí. Por una serie de razones que no recuerdo, la madre de una amiga mía, después de hablarme del libro durante varios días y darme un par de cedés con el audiolibro de " Der kleine Prinz ", del que no entendía una de cada dos palabras, decidió, el último día de mi estancia allí, en una librería que caía de camino, mientras íbamos al aeropuerto, comprar la edición en papel y regalármela, para que me fuera más fácil comprender lo que decían. Eso fue en el verano de 2007, en Neckargemünd. Hoy, casi cinco años después, con no demasiados principitos, ha aparecido otro en el buzón. No lo esperaba aunque fuera yo el que lo buscó y lo pidió en tres librerías de Groningen hace poco más de un mes. No lo había pensado antes de ir -de lo contrario...
Me encantan las sábanas del invierno. Dentro todo está bien.
ResponderEliminarNo conocía yo esta faceta tuya. Cada vez me sorprendes más.
ResponderEliminarUn saludo.
PD) Espero que estés calentito bajo las sábanas.
Espero que las sorpresas sean para bien. Sí, en casa no hace frío, menos bajo las sábanas.
EliminarUn saludo.