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No hay mal tiempo... para beber.

En cada lugar hay unas tradiciones, faltaría más, y en Bremen y la zona occidental de Baja Sajonia hay una bastante típica por estas fechas. Es el tiempo de la col rizada, Grünkohl  (col verde) en alemán, y con él, el tiempo de los Kohlfahrten , algo así como los viajes de la col. Es un tiempo frío, húmedo y ventoso, por eso lo primero que me dijeron al llegar fue una típica frase noralemana: " Es gibt kein schlechtes Wetter, es gibt nur unangemessene Kleidung " ("No hay tiempo malo, hay sólo ropa inadecuada"). Pues con estas condiciones atmosféricas, la gente se reúne para pasear con un Bollerwagen   cargado hasta arriba de bebidas de mayor y de menor graduación y comida. Los participantes en esta peculiar ruta, realizan una serie de juegos y pruebas que tienen como premio ver cómo los jugadores del equipo rival han de beber un chupito con cada punto perdido. En realidad, se gane o se pierda, el chupito lo toman todos, pero en fin. Después del viaje, cena a base de...

Trabajar y querer trabajar

Desde septiembre trabajo como profesor de español en Alemania, en un Gymnasium , algo así como un instituto, pero sólo "para listos". Hace aproximadamente una semana me comunicaron que, a partir de finales de enero tendré que impartir las clases de la "Fase de cualificación 2" ( Qualifikationsphase II - QII ), lo que en España sería el Bachillerato, vaya, al menos a un curso, el del equivalente a 1º de Bachillerato, y estar con ellos como profesor hasta el final, hasta que hagan el examen de Abitur , algo así como nuestra Selectividad.  Pues bien, además de haber recibido ciertos consejos y preocupaciones de algunos compañeros, que consideran que es un trabajo demasiado duro, puesto que se trabaja sin libro y hay que preparar mucho, muchísimo material, me he puesto a investigar cuáles son los campos temáticos de los que, durante los próximos tres semestres, tendré que hablar a los chavales: 1. "Individuo y convivencia social. Momentos cruciales en la vida human...

Por alguna razón

Por alguna razón, me interesan los lugares de paso, los mismos que a veces son de partida o de llegada. Me interesan las estaciones, los aeropuertos, los puertos y las aceras. Esos lugares que dejan a alguien atrás, mientras nosotros, o ellos, otra persona, distinta a la que se queda, avanzan en un sentido u otro, hacia este o aquel lugar. Hay gente de la que te despides cuando se pone el sol, mientras en otro sitio, dicen, alguien espera, a la mañana, tal vez. A veces, sin embargo, allí no nos espera nadie, y nos quedamos en la soledad de las calles, unas u otras, soportando el peso de la culpa, de la despedida, del adiós sincero, del adiós con prisas. Sin embargo, en ocasiones, esas despedidas no son como esperábamos, son antes -quizá después, las menos veces- de tiempo. Quizá ni siquiera llegan a ser, como si no hubiera que despedirse de nada o de nadie. Y el nudo en la garganta llega después, e intentas deshacerlo llegando a la carrera a la estación antes de que salga el tren - qui...

Historias de mi historia: Paseo de mañana por Berlín

Es 9 de noviembre de 2014. La ciudad por la que me muevo, entre el frío recién estrenado de un otoño que llega más bien tarde, es Berlín. Pero en mi mente no es ni esta fecha mientras camino. Aleatoriamente pienso en 1989, en el 9 de noviembre de ese año, y en 2010, en otra de mis visitas a la capital alemana. Los pasos que doy me llevan a un destino concreto, no es demasiado temprano, pero es domingo y poca gente hay en la calle a las diez de la mañana. Desde Kottbuser Tor hasta mi destino, un Kindergarten en Kreuzberg, hay poco más de quince minutos al ritmo que llevo: mochila cargada hasta arriba a la espalda, paso liviano y tranquilo; dejo que me roce el aire fresco en la cara, con las manos en los bolsillos y el gorro encajado hasta las orejas.  Esta vez estoy aquí por dos motivos que me recuerdan a dos fechas completamente diferentes que no tienen nada que ver más que la ciudad. Uno de ellos, el conocido, saldrá en todas las televisiones mañana, balones flotando por los aires...

Un pequeño apunte personal

Cuando supe que por fin me vendría a vivir al norte de Alemania, a trabajar en un instituto de Baja Sajonia, no pude evitar sonreírme y pensar en Fernando Aramburu.  Sálvense, a partir de ahora y por supuesto, todas las enormes distancias entre el easonense -me gusta a mí esta palabra, oye- y yo.  Sabía, y sé, sin despreciarlo, que para escribir, para retomar el contacto que tengo perdido con la literatura (la mía y la propia, pero sobre todo la mía) es necesaria la soledad, y de eso en este país no suele faltar. Es cierto que las similitudes son para quien las quiera ver, y posiblemente en este caso no haya ninguna.  No es que sea un admirador incondicional del escritor, no he leído toda su obra, de hecho, han sido sólo tres libros y de los más recientes - Los peces de la amargura, como lectura obligatoria en Bachillerato, Viaje con Clara por Alemania  y Años lentos , estos dos mientras vivía en Bonn- y reconozco que me gusta su literatura, aunque hubo algo en ...

Julio IV: Soria, día 3

El tercer y último día por tierras sorianas cambiamos de coche y de conductor. Pasó de conducir D. a hacerlo P. Se notaba, sobre todo, en la carretera: una, mucho más experimentada que el otro, se movía con fluidez por el asfalto. Después de terminarnos en el desayuno unos lacitos de hojaldre maravillosos, tomamos dirección hacia Tiermes, un pequeño emplazamiento celtíbero del que se conservan unos pocos restos bastante curiosos.  La carretera no era demasiado mala, como cabría esperar después de lo que habíamos visto los días anteriores. El último tramo, sin embargo, era notoriamente más estrecho; con dificultad pasaban dos coches por ella, algo a lo que no nos enfrentamos a la ida, pero sí a la vuelta. Junto al yacimiento se encuentra una ermita también románica, como el arte que nos acompañó durante los tres días en la provincia. Como en las ermitas que ya habíamos visto, ésta es de una sola nave y también posee un pórtico con esculturas, siguiendo el modelo de la que ya habíamo...

Cosas que no esperas

Alguien tiene un amigo que hace música y organiza concierto. Él mismo es músico y se encarga de estas cosas. Ésa, más o menos, es la explicación que me han dado para lo que acabo de vivir. Nunca me habían invitado a un concierto en un "doblao", en un desván. Cuando he llegado a la casa esperaba encontrarme con N. la chica que, de repente y sin esperármelo, me invitó a ir a su nuevo piso, en el que organizaban un concierto. Sonaba demasiado extraño como para poder perdérmelo.  N. es la inquilina del piso que fui a ver con la esperanza de podérmelo quedar a partir de noviembre. Ella tiene la esperanza de que también me pueda mudar a él, pero a ver, porque, de momento, otra chica ya se ha quedado esta noche allí a dormir porque no tiene nada más. Está difícil la cosa para muchos, no sólo para mí. Justo después de mostrarme el piso me dijo lo del concierto, me lo apuntó en un trozo de su libreta y me dio la dirección y la hora. Allí estaré, pensé. Y allí he estado. Al llegar N. a...