Llevo dos meses viviendo en un piso junto al Tormes. Desde el salón, cuando los estorninos callan, se puede escuchar el murmullo del fluir del agua, que se cuela en la casa y pone banda sonora a un clima que casi no recordaba. Hace menos frío que la primera vez que pisé esta ciudad, que aquel primer invierno en el que yo veía lucir el sol y, confiado, salía a la calle como si la luz derritiera el aire gélido. Descubrí que el cielo puede estar limpio de nubes y que, al mismo tiempo, la temperatura puede ser insoportable. Eso ahora no lo he vivido aún. No sé si pasará. Si seguirá pasando. El primer año que viví aquí, también lo hacía cerca del río y la neblina de las mañanas lo cubría absolutamente todo. Uno se sentía como si viviera en alguna película londinense. Por entonces comencé a escribir en este blog que cada cierto tiempo retomo, como una tradición cada vez más esporádica. Me digo que lo continuaré, que merece la pena escribir, aunque sea sólo de vez en cuando. Pero siento ...
¿Por qué unen las palabras? Tanta sílaba y tanta letra junta me abruma, ¿eso cómo se pronuncia? >.<
ResponderEliminarBesos :)
Pues básicamente se pronuncia casi como se escribe... y sí, aunque ellos se empeñan en que es mejor una palabra de 20 km a una frase bien separadita, yo no lo veo (al menos en todas las ocasiones, jajaja)
ResponderEliminarPor cierto, Manu, de dónde te has sacado la palabreja?
La palabreja viene en las fotocopias... claro, como no vamos a clase...xD
ResponderEliminarA mí me gusta así el alemán, ¿vale?:D
Oye, cómo que no vamos a clase? que sólo he faltado un día a alemán! Hum!
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